Real Federación Española de Atletismo







 miércoles, 21 de julio de 2021   ENTREVISTA WEB 85/2021
Aarón Las Heras y el oro que le abrió los ojos

Por : Miguel Olmeda


La carrera de un atleta-estudiante español en la NCAA no es un camino de rosas, ni mucho menos. El idioma, la cultura, la primera experiencia lejos de casa para la mayoría, las amistades e incluso los métodos de entrenamiento representan barreras a las que estos jóvenes se van enfrentando. Como es lógico, ante semejante reto muchos sucumben. Los éxitos de Carmela Cardama (campeona nacional de 10,000m) y Mario García Romo (tercero en 3000m indoor y quinto en 1500m) son solo la punta del iceberg. Sin embargo, que otros atletas no peleen por cotas tan altas no quiere decir que su estancia en Estados Unidos haya sido un fracaso.

"Nunca voy a saber si me habría ido mejor en España o en Estados Unidos, pero creo que tomé la decisión correcta porque he aprendido muchísimo y he madurado un montón, creo que más como persona que como atleta. Me ha hecho abrir los ojos y he conocido otra cultura y gente muy distintas. Eso me ha hecho conocerme a mí mismo y crear una identidad propia que sigo formando", asegura Aarón Las Heras. Él aspira a pelear por los competir en los Nacionales universitarios la próxima temporada, que será su cuarta en Wake Forest, pero en el proceso ha ido recogiendo los frutos deportivos del trabajo y la perseverancia en forma de dos medallas europeas en 5000m: un oro sub20 en Boras hace dos veranos y una plata sub23 en Tallin el pasado 10 de julio.

La segunda confirma a este barcelonés de 21 años como uno de los fondistas del Viejo Continente con más proyección de su generación. Pero fue la primera, para Aarón "un regalo", la que de verdad lo cambió todo.

Vayamos a julio de 2019:
Las Heras, entonces 19 años, acababa su primer curso en Wake Forest. Meses atrás había elegido mudarse a Estados Unidos "para compaginar estudios y deporte como objetivo principal, y además probar la experiencia universitaria americana y el salir de casa". La decisión, "muy dura", contaba con detractores en su entorno deportivo que le aconsejaban quedarse en Barcelona poniéndole el ejemplo de otros atletas que habían cruzado el charco y habían regresado estancados. "Pero me lo tomé como un reto porque soy muy cabezota para esas cosas. Dije: ¿por qué va a tener razón esta gente? Yo confío en mí mismo, confío en mis actitudes y voy a probar".

Entre una decena de ofertas universitarias, escogió la de Wake Forest "principalmente por el nivel académico que tenía, aunque el atlético estaba bastante bien". El suave clima y el tamaño de Winston-Salem (Carolina del Norte, no llega a 300,000 habitantes) también ayudaron a decantar la balanza: "Estaba cansado de Barcelona, de la ciudad, y buscaba un sitio más alejado, más tranquilo, con menos coches… Está rodeado de bosques". A pesar de todo, la adaptación no fue dulce. "Te mentiría si te dijera que no fue duro. Duro en el sentido de estar fuera de casa, tener al alcance comidas muy grasientas de poca calidad, y además lo encadené con lesiones y tuve un descontrol con el tema alimenticio, disciplinario… Estaba muy perdido".

Con el Campeonato de Europa sub20 de Boras en el horizonte, Aarón Las Heras hizo clic. "Fue un punto de inflexión. Había estado todo el curso lesionado hasta marzo. Los meses anteriores no corrí nada, estuve en la piscina haciendo ejercicios y en el gimnasio. Me tomé como un desafío esos cuatro meses de preparación para el campeonato y ese oro fue muy simbólico porque fue un regalo. Tienes que confiar en ti porque cuando trabajas las cosas pueden salir. Quizás en ese Europeo no mereciera el oro, pero lo conseguí y eso me dio mucha motivación y determinación para dedicarme al atletismo, porque se me da bien y creo que vale la pena".

Regresemos a julio de 2021:
"Siempre busco el oro, pero estoy contentísimo con la plata. Llegaba al Europeo de Tallín con la quinta mejor marca. Hay que ser optimista, pero también realista. Yo soy realista y a la vez confío en mí. Por eso mi objetivo era colgarme una medalla", asegura Las Heras. "Sabía que la final iba a ser rápida y que tenía que irme con los que hicieran el primer movimiento. Y ahí aguantar hasta el final, no había otra táctica", explica el barcelonés. A falta de cuatro vueltas el alemán Mohumed hizo un cambio definitivo que obligó a Las Heras a tomar una decisión: "O me iba con ellos (Mohumed y el inglés Mortimer) arriesgando por el oro, o intentaba asegurar el bronce, que finalmente es lo que hice porque vi que el ritmo era muy precipitado". La carrera le dio la razón, Mortimer reventó hasta la cuarta posición y el español abrochó la plata con una gran última vuelta en la que se impuso al islandés Magnusson.

Eso sí, la tensión continuó durante otros 14 minutos, los que duró la final B del 5000m en Tallin: "Yo celebré un poco el segundo puesto hasta que me dijeron: 'Oye, que queda otra final'. Eso fue un choque de realidad. Todos los atletas coincidimos en que hacer dos finales fue un fracaso, no tiene ningún sentido porque además se hizo primero la que en teoría era más rápida. Durante la segunda carrera lo pasé mal. Primero porque vi que el irlandés (McElhinney), que había sido tercero en Boras y tenía 7:50 en 3000m en pista cubierta, podía ganarnos. Luego cuando vi que ya se estaba yendo para atrás me supo mal por él. Le echó valor y no le salió, pero estaba para pelear la plata como yo, o incluso el oro, si hubiera corrido nuestra final. Lo veo una injusticia total".

Objetivo: All-American
De estos tres años en Estados Unidos, con una pandemia incluida, Aarón se queda con cómo ha aprendido "a gestionar ciertas situaciones de la vida cotidiana y a afrontarlas de una mejor manera". Y destaca sobre todo la fortaleza mental: "Me fui siendo un niño de 18 años y aunque tampoco soy un viejo, que tengo 21, creo que he madurado muchísimo. Esta experiencia me ha hecho más fuerte para afrontar la vida y las competiciones".

Al barcelonés todavía le quedan tres años de elegibilidad en la NCAA, aunque no tiene claro si los utilizará todos, como tampoco ha decidido si continuará en Estados Unidos una vez se gradúe en Wake Forest o si regresará a España. Sí que es más contundente respecto a los objetivos que se marca para el próximo año. "En 2022 me gustaría hacer una buena temporada de cross y ser All-American en esa modalidad", asegura. Eso significaría acabar entre los 40 primeros del país en la competición universitaria más difícil, donde se miden desde ochocentistas hasta especialistas en 10,000m, pasando por obstaculistas y algún que otro atleta cuya especialidad es el propio campo a través. "En cuanto a marcas, me gustaría bajar de 7:50 en 3000m (tiene 8:08.52), creo que lo podría hacer, y al aire libre romper las barreras de 3:40 en 1500m (3:42.89) y 13:30 en 5000m (13:42.21). Incluso intentar acercarme a los 13:20".

Si le preguntas por un puesto en la NCAA al aire libre, Aarón Las Heras es realista: "Me gustaría ir pasando rondas y clasificarme para los Nacionales; y allí a luchar por lo que den las piernas, dar el máximo". Hablar de medallas, incluso el ser All-American (los ocho mejores en cada prueba) son palabras mayores incluso para un subcampeón de Europa como él: en el último campeonato, en 5000m los 12 primeros bajaron de 13:30, y los seis primeros de 13:20. "La NCAA tiene más nivel que un Europeo sub23, y en algunas pruebas incluso que un Europeo absoluto. Pero es que hay gente de Estados Unidos, de Australia, de Gran Bretaña, de España, de Kenia… Es una liga en América, pero de atletas de todo el mundo", explica.

En cualquier caso, conviene no confiarse cuando uno se enfrenta a Aarón Las Heras. Tomen nota sus rivales porque el catalán se crece en competición. "No suelo pensar mucho en mis cualidades", reconoce humilde, "pero justo antes de competir en Tallin tuve una conversación con Mario (García Romo) y me dijo que envidiaba esa capacidad tan buena que yo tengo". ¿Tiene un secreto? "Antes de las carreras, no sé por qué, pero intento encontrar una paz interna, de decir: he llegado hasta aquí, y confiar en todo el trabajo que he hecho. Soy un luchador en carrera y lo doy todo hasta el final, así que no hay ningún motivo para ponerse nervioso".

¿Y por qué no iba a ser este el de la explosión definitiva de Aarón? "Esto es un proceso, no va de la noche a la mañana", señala él. "Mario (García Romo) es el claro ejemplo de alguien que va a Estados Unidos con un marcón, y si no hubiera tenido los resultados que ha conseguido este año pensarías que ha fracasado, que estuvo dos o tres años sin mejorar nada. ¿Pero qué es lo que pasó? Que tuvo una lesión, que se ha adaptado a los entrenamientos de allí y al final, fruto del entrenamiento, del empeño y de la determinación por querer hacerlo bien, ahora está saliendo a la luz todo el trabajo. Yo confío en mi progresión y sé que voy a seguir mejorando porque confío en mí mismo, en mis aptitudes y en mi entrenamiento, y sé que si no sale este año o el que viene, me saldrá al siguiente. No tengo ningún tipo de presión por ello".

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