Real Federación Española de Atletismo





 martes, 06 de abril de 2021   ENTREVISTA WEB 38/2021
José Manuel Arcos: "Cuando salté 5.80m fue como haber escalado el Everest"

Por : Miguel Olmeda


Una fondue casera en Getafe, el 19 de enero de 1997. Ahí se vino abajo el futuro de la pértiga en España, una disciplina cuyo porvenir reposaba en las anchas espaldas de José Manuel Arcos. Mediofondista incipiente, combinero juvenil y especialista con la garrocha ya en última instancia, cuando el COU hizo imposible que le dedicase las horas necesarias al decatlón y Paco Martínez le convenció para irse a entrenar al Centro de Alto Rendimiento de Madrid en 1991. Nació entonces un pertiguista corpulento, pero de apenas 176cm de altura, que tenía un idilio con las alturas y que tan fugaz como explotó se difuminó por culpa de un accidente doméstico en su vigésimo cuarto cumpleaños. "Si hubiese podido mantener el nivel de 1996 sin tener el percance… No lo quiero decir, pero a lo mejor el récord de España ahora estaría en 5.90m o 5.95m. Entre 1997 y 1998 lo había logrado, segurísimo. Había acumulado mucho trabajo tenía tanto control, fuerza, velocidad… Era cuestión de ir probando hasta que lo consiguiera".

Habla Arcos de alturas que hoy suenan extraterrestres en España, sobre todo porque la plusmarca de Montxu Miranda está en 5.81m (Barcelona, 2000), pero lo hace con conocimiento de causa. "Llegó un momento en el que tenía tanto control del salto que llegaba al CAR y me apostaba con mis compañeros cuanto era capaz de saltar sin calentar. ¿Que me decían 5.70m? Ponía el listón, me iba hasta donde tenía la carrera, que ni la medía porque al ser en el módulo ya sabía dónde empezaba, y saltaba 5.70m", recuerda Arcos 25 años después de que él y la pértiga fueran uno solo, una simbiosis que no se ha vuelto a ver en nuestro país en el último cuarto de siglo.

Ese año batió su primer récord de España, de 'solo' 5.76m en la antigua Peineta, el Estadio de la Comunidad de Madrid, el 12 de junio. "Fue un salto acojonante, de 5.85m", asegura Arcos, que pasó con mucha holgura el listón que Javier García Chico había dejado en 5.75m había dejado en los Juegos de Barcelona '92. "Ese año, 1996, empezaba las competiciones en 5.50m y era como si lo hiciera en 5.20m, estaba francamente fuerte, como nunca. Entrenando franqueaba gomas en seis metros bien, las tocaba, pero muy poquito. Está todo grabado", indica el getafense, aunque nacido en Valladolid.

"Esa temporada tenía una sensación de poder físico y psicológico tan absoluta… No tenía nunca dudas. Había alcanzado el súmmum, el control total", recuerda Arcos, y hace referencia a un salto espectacular en Monachil, el 10 de julio de 1996: "Luego se utilizó como póster de la reunión. Se ve cómo me voy 40 centímetros por encima del listón. Quiero pensar que fue al pasar 5.55m, porque de haber sido cuando salté 5.65m no me quiero ni imaginar de cuánto era ese intento".

¿Cómo llegó a esas cotas un atleta que cinco años antes ni siquiera contaba con instalaciones para entrenar la pértiga? "En Getafe, ni colchoneta había", asegura el todavía plusmarquista español en pista cubierta. "Era como los búhos, me fijaba mucho y así aprendía". Llegó en septiembre de 1991 al Centro de Alto Rendimiento con una marca personal de 4.53m y el verano siguiente ya saltaba 5.32m. "Siempre había trabajado con tanta precariedad que en la Blume era todo tan fácil… Un entrenador que se dedicaba solo a mí, y que es el que más sabe de pértiga, hacer dos sesiones al día, tener fisios… Como si metes a un niño a una tienda de caramelos y le dices: cómetelos todos".

Con los Juegos de Atlanta en el horizonte ya cercano y consagrado ya como una realidad a nivel nacional, José Manuel Arcos le dijo a Paco Martínez, su entrenador: "Quiero ser el mejor, tengo que explotar, qué tengo que hacer para explotar". A lo que este le respondió con una consigna clara: "Haz lo que yo te diga". Y vaya si lo hizo, hasta la extenuación. "Me mentalicé y me tiraba más horas que el resto entrenando, sobre todo a nivel técnico, con saltos de poca carrera, de ocho, diez o doce apoyos. Si en una sesión un buen número de saltos son 30, yo me daba 50 o 60. Paco me decía: '¿Puedes seguir? Pues venga'. Al final me sabía de memorial el salto".

Sin embargo, Atlanta no le salió bien. Desde el principio, se encontró entrenando un mes allí sin su técnico, que no viajó a los Juegos. Para colmo, el temporal trastocó sus planes en la clasificación. "Ese día llovió muchísimo. Estaba encharcado y hacía viento, y me costó mucho ajustar la carrera. Salté 5.40m al tercer intento porque me llevaba el listón de subida de lo fuerte que estaba, luego pasé 5.60m al primero e hice tres nulos en 5.70m". Esa última altura daba la Q para la final, pero a Arcos le habrían bastado los 5.60m si hubiera cometido solo un nulo en 5.40m. "Eran nulos de estar como un borrico y que la pértiga no me aguantaba, me lo llevaba todo por delante", lamenta.

Medio cuerpo calcinado y vuelta a empezar
Volvemos al día que todo se vino abajo. Arcos celebraba su cumpleaños en Getafe y, mientras ponía a punto una fondue, "quiso rellenar de alcohol el quemador, no tuvo la elemental precaución de apagarlo previamente y la botella con el combustible se le incendió y explotó a escasos centímetros del cuerpo", relataba en su día el diario El País, que destacaba también la rápida intervención de su padre para evitar que "las heridas del atleta se hicieran profundas e irreversibles".

El accidente a punto estuvo de ser fatal para José Manuel y su progenitor, que sufrieron quemaduras del 50% y el 30% de su cuerpo, respectivamente. El atleta pasó semanas ingresado en la UCI del Hospital Universitario de Getafe, tuvo que ser intervenido para retirarle piel carbonizada en el abdomen, los muslos y las palmas de las manos (era "una antorcha humana", según los testigos), y se aplicó temporalmente piel sintética hasta que la suya se regenerase. Pese a ese calvario, Arcos tenía claro que lucharía por regresar a la alta competición. "Le dije a Paco: 'Estoy como un coche viejo, o lo intentamos restaurar o lo dejo'. Y es que no puedes darte un tiempo; si lo haces, no vuelves", asevera el pertiguista, aunque lo más duro para él no era el dolor físico.

"Había días que me entraban ganas de llorar cuando entrenaba y me veía tan flojo, tan mal. Pensaba que no lo iba a conseguir". Dos meses después del accidente, Arcos ya saltaba con poca carrera, aunque dejó en blanco ese verano de 1997, pues en mayo, "por imprudencias entrenando", se fracturó el peroné y se rompió el ligamento deltoideo, la sindesmosis y la cápsula articular del tobillo de batida. "Ojalá pudiese trasmitir a la gente el nivel de sufrimiento que tuve para que supieran lo que tienes cuando estás bien". El getafense se pasó hasta finales de año rehabilitando y ya en 1998, "con muchos dolores residuales" y pasando "un curso casi en blanco", pudo saltar 5.56m para colocarse tercer español de la temporada.

1999 y la liberación
El José Manuel Arcos que soñaba con los seis metros se calcinó aquel 19 de enero de 1997, pero después de dos años de estajanovista trabajo y sufrimiento indecible el pertiguista volvía a sentirse bien en las alturas durante el invierno de 1999, "aunque con una placa en la pierna con cinco tornillos que todavía hoy llevo", matiza. "Tenía ilusión", eso está claro, y donde antes derrochaba calidad ahora le ponía cantidad para saltar lo más arriba posible: "Si en 1996 para hacer 5.70m tenía que haber competido cinco veces, en 1999 tenían que ser diez. Un sábado competía en Zaragoza y ese mismo domingo, en Valencia, y en vez de empezar los concursos en 5.40m arrancaba en cinco metros y me dedicaba a acumular saltos".

En una planificación que considera "perfecta", Arcos llegó, vio y venció en el Campeonato de España en pista cubierta de Sevilla con 5.71m, por aquel entonces su marca personal bajo techo. Al no conseguir la durísima mínima para el Mundial de Maebashi, 5.80m, dentro de la fecha límite, viajó a Zaragoza para despedir la temporada invernal con un concurso "para pasarlo bien". Tan poco en serio se tomaba aquella reunión que José Manuel agarró a Alberto, un prometedor pertiguista de 17 años que entrenaba también con Paco Martínez, y le invitó a comer. "No sé si pedimos cordero asado o algo así, desde luego nada que fuese bien para competir luego", recuerda Arcos, a quien le sorprendió encontrarse con Montxu Miranda "tan concentrado para ser la competición que era".

No sabía entonces el getafense que si lograban saltar 5.80m estarían repescados para Maebashi. Con todo, después de pasar 5.55m, Arcos se vino arriba y una vez superados 5.55m puso el listón en 5.80m y se fue a por el récord de España. "Creo que lo hice al segundo intento. Era el típico día lúdico que vas a disfrutar y a probar, y yo cogí el salto perfecto con la pértiga perfecta. Además, pasé bastante sobrado". A los cinco minutos ya le estaba llamando su entrenador, que estaba en Japón con la ibicenca Mar Sánchez: Arcos era uno de los diez pertiguistas que acudirían al Mundial que se disputaba en la otra punta del planeta en apenas seis días.

"Ser el primer español sobre 5.80m significó mucho para mí", reconoce 22 años después. "Tener los dos récords, al aire libre y en pista cubierta, era un reto que tenía antes del accidente y no lo había cumplido. Si me tengo que quedar con un momento como tal en mi carrera, es ese día. Me entró una llorera porque fue como si de repente se hubiera desinflado algo que tenía dentro y me estaba ahogando. Como haber terminado de escalar el Everest, un objetivo cumplido después de una situación muy traumática", asegura Arcos, que solo lamenta que su entrenador no pudiera celebrarlo con él en Zaragoza. "Más que a nivel atlético, a nivel humano es la mayor superación que he realizado en mi vida".

Como anécdota, resaltar que Arcos nunca había saltado con esa pértiga antes del récord de España. "Como íbamos a probar, cogí una nueva", señala. "Yo me diferenciaba del resto en que no me gustaban las pértigas blandas, era una obsesión que tenía porque me daba inseguridad meterme debajo de ella, pensaba que iba a reventar, por eso me gustaban las duras", explica. Tanto es así que cuando el ruso Radio Gataullin (explusmarquista mundial indoor y segundo en la historia en saltar más de seis metros) se dejó unas pértigas en el CAR de Madrid, y a la vista de que nadie venía a recogerlas, Arcos fue el único que las cogió y les dio uso.

La puerta de salida antes de Sídney
En Maebashi, Arcos saltó 5.70m (y a punto estuvo de repetir 5.80m) para lograr una cuarta plaza que nunca un español había logrado en pértiga. Era su segundo puesto de finalista en un Mundial indoor tras el quinto en Barcelona 1995. A Sevilla '99 llegó "muy justo" y no fue capaz de pasar la clasificación con 5.55m, y después se mentalizó para preparar a fondo los Juegos de Sídney, el culmen de ese ciclo de cuatro años tras el accidente.

No sabía el plusmarquista, en cambio, que esos Juegos nunca llegarían por culpa de una lesión que lo acabaría retirando. "Ese año empecé a tener problemas en el tobillo. Tantos que en el Campeonato de España me tuvieron que anestesiar. Ese verano solo entrenaba técnica una vez a la semana y no podía hacer series", cuenta Arcos. Una semana antes de volar a Sídney, tras no poder competir apenas en el Nacional, visitó al Doctor Guillén: "Me dijo que tenía un espolón enorme que se me clavaba en la cápsula articular y la solución era operarlo. Salí de la clínica con la cabeza hecha una bota, con la disyuntiva de ir a los Juegos sabiendo que no iba a poder saltar o no ir y operarme".

Sin embargo, en su cabeza no entraba pasar de nuevo por el quirófano y, lo que era peor, por otra rehabilitación. "Ya no tenía fuerzas para eso. Igual que tenía el motor dentro cuando ocurrió el accidente, ahí ya no", relata Arcos. "En la vida hay que ser honesto con uno mismo y no engañarse, y yo no me veía. Todo confluía en que era el momento de dejarlo".

Siendo todo lo que fue, pero sobre todo con la espina clavada de lo que pudo haber sido, José Manuel Arcos fue uno de los representantes de la edad de oro de la pértiga en España, con seis atletas por encima de 5.65m: el propio Arcos, Montxu Miranda (5.81m, 2000), Javier García Chico (5.77m, 1992), Daniel Martí (5.70m, 1994), Juan Gabriel Concepción (5.70m, 1996) e Isaac Molinero (5.65m, 1996). "A excepción de Chico éramos todos prácticamente de la misma añada y teníamos mucha afinidad. Éramos dos núcleos, uno en Madrid y otro en Barcelona, y había un pique muy sano. Cada dos por tres me estaban llegando 'satélites' de Barcelona con lo que estaban haciendo los demás y eso, quieras que no, empuja. Siempre tienes presente que en el momento de la competición tendrás que saltar 5.65m o 5.70m para ganar", recalca Arcos. Prueba del altísimo nivel es que el getafense solo ganó un título nacional al aire libre (1996) y otro a cubierto (1999). "Y luego había dos entrenadores, Paco Martínez y Hans Ruf, que eran verdaderos maestros a nivel técnico y humano. Se involucraban tanto con los atletas que, más que entrenadores, eran artesanos".

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Historial Deportivo de José Manuel Arcos
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