Real Federación Española de Atletismo





 lunes, 05 de abril de 2021   ENTREVISTA WEB 37/2021
Los héroes de María Pérez

Por : Fernando Miñana


María Pérez bajó hace una semana de Sierra Nevada, su destino después de proclamarse campeona de España de 20 kilómetros marcha por tercer año consecutivo, y ya está en su casa en Cúllar Vega, muy cerca de Granada, donde vive con Noe, su mujer. Ahora está preparando la Copa de Europa que se celebrará en Podebrady (República Checa) el 16 de mayo. Su año está siendo redondo, con dos triunfos rotundos en 20 y 35 km, pero todo parece insuficiente en una temporada que es un embudo que desemboca en Sapporo, donde se espera mucha humedad pero algo menos de calor que en Tokio, y donde será una de las pocas atletas españolas que aspira a una medalla en los Juegos.

Durante estas semanas, la marchadora seguirá entrenando en la Puleva, en el centro de Granada, y en el estadio de la Juventud. Y un par de días a la semana se irá hasta Guadix para coger carretera, meter kilómetros y que Jacinto Garzón repase su técnica. Su fe en él es tan ciega que ella simplemente se desentiende y hace lo que le programa su entrenador. "Yo nunca veo vídeos ni nada. De la técnica ya se encarga él".

No para. Pero vaya donde vaya casi siempre está en la provincia de su Granada del alma. Sierra Nevada, Cúllar Vega, Granada, Guadix y, por supuesto, Orce, su pueblo en la sierra de Baza. El lugar donde se encontró al 'hombre de Orce', los restos de uno de los primeros pobladores de Europa. Un dato que es mucho más que un apunte cultural porque gracias a él, en cierto modo, España tiene a una marchadora tremenda llamada María Pérez, la mujer de Orce.

La historia se remonta a cuando María era una niña de once años y, en el colegio, el maestro Pepe preparó una excursión por Orce, Galera y Huéscar, por donde se dice que los homínidos empezaron su incursión por el continente. Metieron las bicicletas en el autobús y emprendieron el camino. Al final de la excursión, como remate, les esperaba una exhibición del marchador Paquillo Fernández, entonces un gran referente en Granada, que estaba preparando los Juegos de Pekín. María probó la marcha y se volvió a su pueblo. Días después, Carolina Carrión, una amiga de su madre, la llamó para ver si la niña se animaba a entrenar porque le habían dicho que se le daba muy bien eso de caminar deprisa.

A Orce vuelve a ver a la familia y a rodar por aquellas montañas peladas, sin apenas árboles, solo algunos almendros, a mil metros de altitud. Si no, su sitio para las tiradas largas es Guadix, el altiplano granadino, donde tienen ella y el resto de su grupo largas carreteras donde pueden empezar a mil metros y acabar a 1.500. Y antes de volverse de Guadix, aprovecha y se pone en manos de Ángel, su fisioterapeuta de confianza. Porque María ya se ha rodeado de un equipo de profesionales en los que se apoya para exprimir hasta la última gota de su enorme talento. Por eso trabaja con Jesús Martín, su nutricionista, Jesús Huertas, un fisiólogo de la Universidad de Granada, y Juan de Dios Beas, un traumatólogo que es quien le echa un ojo y la asesora cuando se lesiona.

Llama la atención la ausencia de un psicólogo. Quizá porque la granadina siempre ha sido una competidora implacable. Y porque ella misma se define como "una marchadora bohemia", un adjetivo, el de bohemia, que se atribuye porque nunca pone vídeos para analizar su marcha ni la de sus rivales, porque jamás mira las listas de salida y porque, dice, también le da igual cómo sea el circuito. Y si alguien se acerca y empieza a hablar con ella sobre las características de algún campeonato, le deja hablar por pura educación, pero, en realidad, desconecta. "Lo escucho, pero no le presto atención", asegura. Nunca lo tuvo fácil. Al principio iba a Galera, el pueblo 'rival' de Orce, y se entrenaba con niñas más mayores. Su madre trabajaba allí de carnicera y María fue muy bien recibida. Se le daba tan bien que a los 15 años le propusieron marcharse a Guadix, uno de los grandes núcleos de la marcha en España, para entrenar con Jacinto Garzón.

El cambio fue brusco para aquella adolescente que dejaba Orce para intentar convertirse en atleta. "Fue difícil, la verdad. Yo no me fui a un Centro de Alto Rendimiento, donde te lo dan todo hecho. No. Yo me fui a compartir piso con un compañero, a entrenar, a estudiar el Bachillerato, a hacérmelo todo… Salía de instituto a mediodía y me iba a la joyería Garzón, de los padres de Jacinto, y comía allí con ellos. Después me marchaba a entrenar. Y por la noche, al llegar, aún tenía que lavar la ropa. Ahora sé que mereció la pena pero hubo muchos días que llamabas a tus padres y les decías que te querías ir. Y otros que estabas mal, pero te callabas. Porque si llamaba a mi madre y se lo decía, se venía a por mí y me llevaba para el pueblo otra vez. Eres una niña y te toca madurar antes que los demás. Si te metías en un follón, tenías que resolverlo tú misma".

María procede de una familia muy humilde donde sus padres se han matado a trabajar. Un matrimonio donde la crisis de 2008 pegó duro. "Mi madre, Paqui, que ya había sido operada de un problema en la cadera, tuvo que operarse nuevamente. Y mi padre, Luis Miguel, que trabajaba en la obra, se quedó sin curro y se puso a trabajar en el campo, haciendo bodas y bautizos, lo que fuera… Por eso yo me pagaba mis cosas en Guadix y lo que sobraba de la beca, lo enviaba para casa. Así es la vida. Los padres hacen todo lo posible para darte tus caprichos y, aunque ellos no lo digan ni pidan nunca nada, los hijos tenemos que devolverle a los padres lo que no pueden tener. Yo siento esa responsabilidad porque si yo he cumplido mi sueño ha sido gracias a ellos".

Esos años tan difíciles pudieron endurecer a María Pérez. La granadina nunca lo había pensado. Pero no lo ve claro. "Yo estudio Educación Infantil y se dice que las primeras edades marcan a las personas, pero yo creo que mi carácter competitivo viene de que hago lo que me gusta y me apasiona. He visto luchar a mis padres por nosotros y eso te hace madurar. Pero yo entreno todas las horas que entreno para competir y por eso, cuando llega el día, estoy eufórica".

La campeona de Europa de 2018 dice que no tiene ni idea de si su entrenador ha cambiado algo en su preparación por ser un año olímpico. "Imagino que sí porque no es una persona que repita la misma planificación, pero si lo ha hecho yo no me he dado cuenta". Sí tiene claro que todo lo que haga este año es pensando en los Juegos.

La gran cita del deporte le ha hecho reflexionar. El año pasado, cuando la celebración de los Juegos en el verano de 2020 era una incógnita, se significó diciendo que no pensaba que fuera un año para que se hicieran unos Juegos. "Yo viví la pandemia desde la Cruz Roja de Granada y, quizá por eso, era más realista. Porque ves cómo está todo desde dentro y asusta. Yo ya tenía el viaje a Tokio pagado para mis padres y mi mujer y no te voy a negar que tenía miedo de que se contagiaran. Mi madre trabaja ahora cuidando a personas mayores y me preocupo".

Pero su perspectiva ha cambiado y ahora contempla los Juegos Olímpicos como una oportunidad para brindar un entretenimiento al mundo. "Ahora pienso y he aprendido a vivir de manera diferente. Voy día a día. Porque un día estás bien y al otro mal. Todos somos vulnerables. Los deportistas también. Nosotros también nos contagiamos y conozco a deportistas jóvenes que han tenido un principio de trombo y que lo han pasado mal. Y claro que me gustaría que mis primeros Juegos fueran normales, pero también pienso que esto los hará especiales, que van a representar la unión de todos los países después de un año donde hemos estado muy divididos por culpa de la pandemia. Así que espero que nos podamos vacunar todos, ciudadanos y deportistas, y podamos disfrutar. Porque todos tenemos derecho a estar bien".

Para ilustrar sus pensamientos cuenta que, harta ya de tanta noticia triste, hace meses que dejó de ver la televisión, pero que el otro día vio un informativo por casualidad y se encontró la noticia de una residencia de Madrid donde los ancianos llevaban casi 400 días sin salir a la calle y ese día habían ido a dar un paseo por primera vez. "Y una persona mayor decía que tenía miedo. Y no, no hay derecho a que tengan miedo".

María tiene claro que la pandemia le ha hecho otra persona, una deportista diferente. Antes escuchaba música, reguetón y canciones de ese tipo, pero que ahora ya no hace nada. Se deja llevar. Y que la víspera de los 35 kilómetros, mientras cenaba por la noche con su chica, tomó la decisión repentina de disputarlos con la única pretensión de hacer cerca de tres horas. A la mañana siguiente, desayunó bien temprano con una tía suya, y después se fue y tomó la salida. Iba sin presión alguna. Marchaba tan relajada que por primera vez en su vida empezó a fijarse en la música que se escuchaba por los altavoces y tarareaba las canciones mientras caían los kilómetros casi sin darse cuenta. Así, sin un gran sufrimiento, cruzó la meta muy por debajo de las tres horas. La atleta del Valencia CA hizo 2h44:17, la segunda mejor marca mundial de todos los tiempos en esta nueva distancia.

"Se me pasaron más rápidos los 35 que los 20 kilómetros del Campeonato de España", explica mientras cuenta que ya no escucha música, solo si hay mucho ruido alrededor, y que cuando sí lo hace, la última siempre es 'Mi héroe', de Antonio Orozco. "Es una canción muy especial. Habla de las personas que sufren con el cáncer o que ya no están. Y nosotros a veces nos convertimos en los héroes de esas personas, les hacemos disfrutar".

Cuando la escucha, mientras suena la voz rasgada del cantante, María vuelve a su infancia y se ve sentada con los pies colgando en las piernas de su bisabuelo mientras sostiene en las manos su última medalla, su último trofeo. Y luego reflexiona y piensa que ella ha de enfrentarse a la competición como otras personas se enfrentan a sus retos, a sus enfermedades, a sus miedos. Y cuando los derrota y cruza la meta triunfal, vuelve a acordarse de su bisabuelo Enrique y, mentalmente, le dedica sus éxitos a ese hombre luchador.

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