Real Federación Española de Atletismo





 miércoles, 13 de enero de 2021   ENTREVISTA WEB 5/2021
Profesor Ballesteros, el entrenador infinito

Por : Miguel Calvo


Llueve. Es un sábado de otoño en plena segunda ola de pandemia mundial. El frío y el cielo avisan de que el invierno está a la vuelta de la esquina. Y en la coqueta pista de atletismo de Torrelodones (Madrid) que lleva el nombre de José Luis Torres, padre del atletismo español moderno, el entrenador José Manuel Ballesteros desafía a las inclemencias meteorológicas después de toda una vida dedicada al entrenamiento, con su viejo cronómetro en la mano y únicamente protegido por una mascarilla.

La imagen no puede ser más simbólica: tan solo cuatro jóvenes atletas y el veterano entrenador aguantan bajo la lluvia y, detrás de la figura de Ballesteros, el nombre de José Luis Torres luce escrito en toda la pared que rodea a la pista. No en vano, el propio Ballesteros presume orgulloso de la emoción que supone para él poder seguir entrenando a su edad en la pista que lleva el nombre del que fuera su maestro y entrenador. Y, feliz, recuerda que por eso mismo eligió esta pista para festejar el final del confinamiento más duro de la pasada primavera y correr unos improvisados 100 metros con los que celebró que seguimos vivos, mucho más cerca de la eterna juventud que de los años que trae consigo el paso del tiempo.

A pesar de que toda su vida es un ejemplo de reinventarse y nunca ha vivido de la nostalgia, Ballesteros recuerda sus inicios en el atletismo con 17 años. Recién llegado a Madrid, se acercó a la vieja pista de ceniza de la Ciudad Universitaria. Desde lejos vio la figura de un entrenador, que resultó ser el propio Torres, junto al antiguo foso de salto de altura. Y, como si fuera una foto en blanco en negro, recuerda cómo se presentó y el entrenador trazó una línea con el pie sobre la ceniza en el mismo lugar en el que se encontraba, sin necesidad ni siquiera de ir a la línea de salida, y desde allí le cronometró una vuelta de 300 metros para valorar sus facultades.

Automáticamente, aquel prometedor joven comenzó a formar parte de su grupo de entrenamiento, pero, sin tiempo para demostrar nada más, sólo pudo llegar a disputar unos Juegos Universitarios antes de que una grave lesión le alejase para siempre de la pista.

Tanta melancolía del atletismo que tanto amaba, Ballesteros comenzó a reinventar su pasión entrenando a chavales casi de su misma edad en el colegio Areneros de los jesuitas de Madrid, mientras terminaba sus estudios de Doctor en Historia y se enganchaba para siempre al cronómetro. Hasta tal punto que, durante sus viajes a la Sorbona de París para terminar sus estudios, no dudó en visitar el Instituto Nacional de Deportes de Francia y durante tres veranos hizo el curso de entrenador nacional francés rodeado de los mejores entrenadores del país galo, a años luz de una España donde, más allá de Torres y de otros pioneros que tuvieron que inventar todo desde su propia experiencia, ni siquiera existía la figura oficial del entrenador.

De vuelta a nuestro país, lo que hasta entonces sólo había sido un hobby, que compaginó primero con sus estudios y luego con la editorial "La Ballesta" que él mismo fundó, se convirtió en su principal ocupación. Y aquella formación colocó a Ballesteros en una situación privilegiada que rápidamente le llevó durante los años 60 y 70 a inaugurar mil y un lugares diferentes como entrenador: se vinculó con el ministerio del ejército; comenzó a trabajar con la Real Federación Española de Atletismo; se convirtió junto a Bernardino Lombao en la figura clave para el regreso del atletismo femenino español, desaparecido desde los años treinta; fue el primer responsable nacional de la selección femenina española; de la mano de José María Cagigal formó parte de la primera hornada de profesores de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF) de la Universidad Politécnica de Madrid; fue nombrado como el primer director español de la Escuela Nacional de Atletismo que había nacido en 1949 con el italiano Giovanni Batista Mova; y rápidamente se convirtió en una autoridad gracias a sus numerosas publicaciones científicas y divulgativas al amparo de la RFEA, la ENE, el INEF e incluso la antigua IAAF.

El paso de entrenador vocacional a profesor académico y entrenador de referencia estaba completado. Y, como metáfora del cambio que iba a empezar a vivir el atletismo español desde ese momento, su escenario fue cambiando desde los patios de los colegios a la pista de ceniza universitaria, los senderos de la Casa de Campo donde reinventó el medio fondo español, el aula donde formó a tantas generaciones de entrenadores españoles y los bosques de Volodalen donde viajó para adentrarse en el sueño olímpico junto a los mejores atletas del momento.

"Hasta entonces, todo había girado alrededor de figuras tan capitales como José Luis Torres - recuerda el propio Ballesteros, conmemorado con la medalla al mérito deportivo -. Torres tenía una capacidad didáctica y una categoría innata. Era muy intuitivo, muy creativo, y es maravilloso todo lo que supo transmitir en una época en la que no había ninguna referencia y donde no había forma de documentarse. Gracias a ese enorme punto de partida, comenzamos a estudiar y a llevar al atletismo por un camino mucho más científico, y desde ahí todo fue avanzando al tiempo que comenzamos a impartir clases de teoría del entrenamiento y nos fuimos formando en aspectos como fisiología del ejercicio, medicina del deporte, trabajo de la musculación, etc… Lo que más echo de menos de aquella época era la ilusión con la que vivíamos todo y competiciones como los Juegos Escolares o los Juegos Universitarios, que fueron el nexo de unión para un montón de entrenadores irrepetibles y la cuna de grandes atletas, germen incluso de nuestras primeras atletas modernas".

"A lo largo de más de 60 años de profesión he visto nacer muchísimos sistemas de entrenamiento y creo que mi mayor acierto ha sido no afiliarme nunca a un sistema concreto - continúa Ballesteros -. Me considero un entrenador muy heterogéneo y, gracias a que desde el principio pude leer y estudiar mucho, mi objetivo siempre ha sido sintetizar y adaptar todo lo que he ido aprendiendo. Por ejemplo, intentaba asimilar todo lo que podía de los fundamentos que establecieron Percy Cerutty con John Landy o Arthurd Lydiard con Peter Snell, pero luego utilizaba muchos elementos únicamente para dar un puntito más, como cuando íbamos a Canarias o a Zarautz y trabajábamos las dunas como un simple chispazo. O como el fartlek que pude aprender de Gösta Olander en Volodalen y del que yo hacía después una adaptación muy sui generis. O las cuestas que siempre he utilizado desde mi prisma de intentar ser un purista de la técnica de carrera. En definitiva, mi premisa es buscar un entrenamiento para el atleta y no un atleta para el entrenamiento, y los pilares de mi filosofía son un entrenamiento más cualitativo que cuantitativo, con poco volumen, un estudio muy científico, la mayor creatividad que pueda ponerle y basado fundamentalmente en el feed-back con el atleta, ya sean los mediofondistas por los que siempre se me ha conocido e incluso los maratonianos con lo que he trabajado y entre los que puedo presumir de cinco hombres y dos mujeres campeones de España de maratón, con olímpicos como Agustín Fernández Díaz-Pavón o Eleuterio Antón y referentes como Mercedes Calleja o Consuelo Alonso".

"Es curioso, porque la gente siempre te pregunta cuántos atletas has tenido que hayan sido campeones olímpicos o campeones del mundo, pero lo que no debemos de dejar de contextualizar es que en aquella época nuestro nivel estaba a la altura de encuentros internacionales con las selecciones B de países como Italia o Francia, y que el hecho de que un atleta español ganara un meeting o batiera un récord nacional era una auténtica gesta", matiza Ballesteros, convencidos de que su mayor logro fue modernizar el entrenamiento del atletismo español y ser uno de los principales protagonistas de una etapa sin la que no podríamos entender el paso del atletismo primigenio al deporte que hoy conocemos.

Dentro de un deporte como el atletismo, tan unido a la búsqueda de la belleza, al final todo se reduce a un instante. A una emoción. A una zancada que, como si se tratara de una obra de arte, puede degustarse con calma en la intimidad de cada entrenamiento mientras atleta y entrenador sueñan con el estadio olímpico. Y así, la trayectoria de Ballesteros es una maravillosa colección de talentos de los que presumir, desde el obstaculista Eloy Martín a Julio Gómez Almazán, el "niño de Rusia" que venía de batir el récord del mundo de 4x800 en la Unión Soviética y que, desde que llegó a la vieja pista universitaria, se convirtió en el primer gran atleta de aquel jovencísimo entrenador que en sus primeros años en el INEF hasta tuvo que optar por ponerse unas gafas sin graduar para intentar aparentar más edad que sus alumnos.

"Mis logros más auténticos fueron todos los atletas que pude formar desde el colegio hasta lo más alto del atletismo español, como Antonio Burgos, Fernando Vela o José María Morera - continúa el entrenador que, ajeno a lo que otros llaman jubilación, sigue reinventándose cada día a través de nuevos horizontes como el tenis, el golf o el boxeo al máximo nivel mundial -. Junto a todos ellos, otro de los atletas más talentosos que tuve fue Antonio Fernández Ortiz, que tras recuperarse de una tuberculosis pulmonar llegó a batir el récord de España de 800 metros en una inolvidable carrera en Vallehermoso. O Alberto Esteban, que ha sido el atleta más dotado que he tenido nunca. E incluso Francisco Morera que, aunque se marchó becado a Estados Unidos y allí tuvo una trayectoria muy corta, conmigo llegó a ser subcampeón de Europa junior en París".

En busca de esa belleza que tanto representa el atletismo o de ese instante mágico que define una eternidad, dejamos al entrenador bajo la lluvia apostado junto a la calle uno de la pista de Torrelodones mientras una de sus atletas corre una curva maravillosa.

"Soy un superviviente; ya no me queda ninguno de mis referentes", nos despide José Manuel Ballesteros.

¿Acaso podemos negar que no hay una figura más cargada de poética que la del entrenador?

"Empecé a entrenar muy joven a niños del colegio porque yo no podía ser atleta y el atletismo era mi afición. Después aproveché mis estudios y el INEF para poder dedicarme a mi pasión. Y ahora, en la última etapa de mi trayectoria vital, soy incapaz de dejar de entrenar. Es una adicción total y soy muy feliz", concluye el veterano profesor y entrenador, tan infinito como su legado o una fotografía que se resiste a convertirse únicamente en una imagen congelada en el tiempo.

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José Manuel Ballesteros en el podcast Muay Sapein en Cuarentena, por Jacinto Rodríguez (Parte 1)
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En el INEF, junto a Blanca Miret
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Junto a Antonio Fernández Ortiz
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Desfilando en los Juegos del Mediterráneo (Split 1979)
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En la Casa de Campo (febrero 1966) tomando el pulso a varios de sus atletas
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En Volodadem (julio 1966), junto a Mariano Haro y Olander.
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