Real Federación Española de Atletismo





 lunes, 11 de enero de 2021   ENTREVISTA WEB 3/2021
Gracias, Asunción Sinobas

Por : Alfredo Varona

Hoy, a los 60 años, a una estación de Metro de la jubilación, hay tanto por recordar.

Como a esa niña de Santoña que imaginaba que su vida laboral iba a empezar y terminar en la fábrica de conservas del pueblo.

Como la de su madre o como la de sus dos hermanas mayores, una jubilada y la otra prejubilada ya tras media vida, desde los 14 años, trabajando con los brazos, con las manos y con los dedos: trabajo rutinario ése.

Todo eso me lo explica hoy Asunción Sinobas, que también me cuenta que sus hermanas acabaron con artrosis en los huesos: maldita la humedad.

De eso se libró ella, que solo recuerda unos pocos veranos en la fábrica, sueldo de aprendiz, abriendo las anchoas, limpiándolas, metiéndolas en las latas.

El atletismo iba a librarla de esa vida.

A los 14 años en el colegio Juan de la Cosa, en octavo de básica, la profesora de educación física descubrió que ella era "una atleta más resistente que veloz".

Y eso ya fue para siempre.

Y llegó el año 81 en el que pudo ser el mejor año de su vida. O así lo recuerda hoy Asunción Sinobas, que aquel año no sólo fue décima en el Mundial de cross del hipódromo de La Zarzuela.

También se proclamó campeona de España de 1.500 y 3.000 en un solo fin de semana.

Y todo eso entrenando en Laredo con un entrenador, Juan Carlos Gutiérrez, que no tenía el título nacional (sólo un inmenso amor por el atletismo) y haciendo las series en la carretera o en la arena de la playa: no había pista de atletismo en Laredo.

Y después vinieron los siguientes 7 años de su vida en Madrid, en los que se entregó "en cuerpo y alma al atletismo", y en los que, '¿qué consiguió?', la pregunto, "no sé, quizás pude conseguir más", contesta ella. "Pero hice una buena marca en 1.500 (4'14"91), logré el récord de España de 2.000 y de la milla y llegué a ser campeona del mundo universitaria de cross..."

Pero hoy, a los 60 años, también podemos recordar que Asunción Sinobas fue, junto a María José Patiño, la primera mujer en ingresar en la residencia Blume.

- Hasta entonces sólo había hombres.

Y eso propone su nombre para la historia.

- De alguna forma marcamos un camino que a las siguientes generaciones de mujeres les puso las cosas más fáciles.

De ahí el privilegio de recordar, de volver a aquellos años ochenta en los que Asunción Sinobas entendió que "el deporte te da valores que no encuentras en otros aspectos de la vida".

Una declaración que la acompaña en los últimos 20 años de su vida en los que lleva de jefa de estudios del instituto Ortega y Gasset y en el que ha tratado con multitud de jóvenes.

Y no ha encontrado a tantos jóvenes como los jóvenes de los 80 en los que "valorábamos cada momento al cien por cien, cada cosa que lograbas o cada cosa que te proponían porque te habías ganado el derecho a estar ahí".

Y lo dice ella, que creció con la idea de empezar a trabajar a los 14 años.

Sin embargo, el destino no se mostró de acuerdo: aquella concentración de la Federación Española de atletismo en La Albericia iba a cambiar su vida para siempre.

Después, descubrió que en la vida "no existe una varita mágica. Sólo trabajo, trabajo y trabajo".

Y eso fue lo que también le permitió en sus años de atleta conocer a su marido en la Blume (Cayetano Cornet), terminar la carrera de INEF, matricularse en primero de periodismo o aprobar una oposición.

- Cualquier tiempo fue difícil -le contesta ella a los jóvenes que le dicen 'es que hoy está todo muy difícil'.

-Mira -explica en voz alta Asunción Sinobas- en mi época no teníamos las facilidades ni los medios que tenéis ahora. Pero lo suplíamos con valores, con un tesón que aún me emociona recordar.

Y esa fue la diferencia.

- La gente muchas veces te pregunta, '¿dónde está la diferencia?', y yo casi siempre contesto que está en saber aprovechar las oportunidades.

Quizás por eso hoy es tan tentador volver a esa Santoña de ayer, al domicilio de la familia Sinobas, y no solo por las fotografías que nos regala el mar o por las anchoas de la tierra: tal vez las mejores anchoas del mundo.

La tentación está en la humildad que ella captó desde tan niña. Su padre era transportista y su madre trabajaba limpiando las anchoas y, de alguna manera, sus dos hermanas mayores le iban a presentar el mismo camino, "mira, Asun, esto es lo que hay', ' sí sí, a mi me parece bien'.

Quién iba a decir entonces que aquella niña se iba a convertir en una mujer de capital importancia en la formación del deporte español, de tantos deportistas.

Gracias, Asunción Sinobas.

Gracias por tanto.

Desde aquí aprovechamos esta oportunidad tan cerca de tu jubilación: a un un par de estaciones de Metro te decía al principio.

"Será en este curso", contestabas tú.

Pero también tengo la sensación de que ahí no se acabará nada.

Sólo empezará otra vida en el que habrá tantas cosas por hacer como Asunción Sinobas se proponga.

La mujer que ha descubierto a tantos jóvenes que pueden llegar tan lejos como ellos mismos se imaginen.

"Pero no racanees ni una serie, por favor", les decía y seguramente les seguirá diciendo.

Enlaces relacionados:

Historial Deportivo de Asunción Sinobas
Comparte la noticia:





Imprimir esta noticia































Servicio Oficial diseñado y producido por ATOS España. © Copyright 2020 / RFEA 1997-2020. Reservados todos los derechos.

| AVISO LEGAL | POLÍTICA DE PRIVACIDAD | Ejercicio de derechos ARSOL |