Real Federación Española de Atletismo





 martes, 17 de noviembre de 2020   NOTICIA WEB 202/2020
Alozie, la 'hija' de Blanquer

Por : Fernando Miñana


Glory Alozie (Amator, Nigeria, 1977) responde la llamada de WhatsApp con la cordialidad de siempre. Ella está en Nigeria, es de noche y se atropella preguntando por su gente de Valencia, por sus viejos amigos, y se alegra al saber que el atletismo español ha cumplido cien años. "Buf, cien años son muchos, ¿no?". De fondo se oye llorar a un bebé. Es Phynebouy jr., su hijo, que nació hace solo diez meses. El niño tiene dos nombres más, que son le huella de las fuertes creencias religiosas de la exatleta: Chidiebebe, que significa Dios es maravilloso, y Chukwuemeka, o Dios ha hecho algo grande.

La familia vive ahora vive en Lagos. Glory dejó España en 2018 y regresó a Nigeria porque le salió una gran oportunidad: trabajar en la base, detectando y formando talentos, en un nuevo y ambicioso club de atletismo, el Making of Champions. "Esto no existía antes en Nigeria y la verdad es que estoy muy ilusionada. Me encanta hacer esto y ya tenemos algunos vallistas. Me da gozo: el atletismo es mi vida". Glory no tuvo esa suerte. Cuando ella era una niña, la segunda de cinco hermanos, en todo el Estado de Abia, donde está su pueblo, Amator, no había ni una sola pista de atletismo. Por no haber, no había ni vallas, y ella, que no entrenaba de continuo, pasaba unos obstáculos improvisados, hechos a mano corriendo sobre tierra.

Su padre sacaba la familia adelante haciendo varios trabajos. En una fábrica de bebidas, con la agricultura y de curandero para los huesos rotos con hierbas y raíces. "A mí también me ayudó y una vez me curó una rodilla, enviándome unas raíces".

Con siete u ocho años empezó a practicar el atletismo en el colegio. "Pero sin entrenar. Solo íbamos a competir y ya está", recuerda. Las vallas, esas vallas rudimentarias, no llegaron hasta los 13 o 14 años. Y hasta que no se fue a Lagos no empezó a entrenar algo más en serio con un material decente. Su primer entrenamiento de verdad no comenzó hasta 1995. Y un año después, en 1996, ganó la medalla de plata en el Mundial júnior celebrado en Sídney. "Pero lo logré corriendo en 13.30, ¡aún no era rápida!".

En ese Mundial, había una española en la grada. Era Julia García, representante de atletas, que se quedó con la boca abierta viendo ese pie imponente de la nigeriana. Julia se fue a hablar con Glory, vio que entrenaba en condiciones muy precarias y le propuso marcharse a España. "En Nigeria no teníamos la oportunidad de entrenar como en España. No había gimnasios ni una pista decente. Todos los que querían mejorar, se marchaban. Algunos se fueron a Estados Unidos, y yo acabé en España. Pasé miedo: no era fácil irse tan joven y, encima, era la primera vez que me separaba de mis padres. Pero yo tenía que mejorar y me decidí. En 1997 me fui a un piso que tenía Julia García en Madrid. Al acabar la temporada, regresé a Nigeria y después, para la pista cubierta, ya me fui a Valencia. Con Rafa Blanquer empecé en 1998".

Blanquer recibió ese diamante con los brazos abiertos. Y no escatimó para convertirla en una referencia mundial en las vallas bajas. La metió en su casa y la cuidó como si fuera su hija. Por la mañana, como quien lleva a la niña al cole, se iba con Glory a la pista, después comían en el bar Richi, cerca de las pistas del Estadio del Turia y de la sede de su club, el Valencia Terra i Mar, y por la tarde volvían a entrenar. Por la noche se iban a casa, donde Begoña, la mujer de Rafa, tenía la cena preparada.

La gratitud de Glory hacia estos "padres adoptivos" es eterna. "Los atletas que se iban de Nigeria lo pasaban mal fuera de casa, pero yo no sufrí eso. Yo tenía unos padres y vivía con Rafa y Begoña. Yo era su hija y Rafa me dio la oportunidad, a su lado, de aprender un idioma y otras muchas cosas. Yo nunca estuve sola. Al contrario, fui muy feliz y tuve mucha suerte con ellos. Y esa fue la razón por la que mejoré tanto: tenía una casa, comía de forma saludable, no tenía que preocuparme por nada. Solo dormir y entrenar. Y cuando no entrenaba, jugaba al parchís con ellos y estaba relajada. Eso es todo lo que necesita una atleta. Y yo era una bomba. Tengo recuerdos muy felices de aquellos años. En Nigeria era totalmente diferente. En Lagos, después de entrenar por la mañana, me quedaba sola en el estadio porque no tenía dinero o no me daba tiempo a volver a casa antes de la sesión de la tarde. Entonces comía un bocadillo o lo que fuera y me quedaba allí".

Unos meses después de establecerse en casa de los Blanquer, Glory Alozie corrió en 12.44, que era el récord de África de los 100 metros vallas. Ese año no hubo ninguna atleta en el mundo que fuese capaz de correr más rápido que aquella joven de 21 años. "Ahí ya era rapidita, ¿eh?", se ríe feliz al recordar su época de plenitud.

Al año siguiente volvió a correr en 12.44 (los caprichos del atletismo) y, además, bajó de los once segundos (10.90) en los 100 metros lisos. Dos marcas soberbias. Glory firmó ese registro de 12.44 en la final del Mundial de Sevilla, donde solo fue superada por la estadounidense Gail Devers, que ya era doble campeona olímpica.

La pupila de Blanquer no aceptó esta jerarquía y al año siguiente llegó a Sídney, sede de los Juegos Olímpicos de 2000, convertida en la favorita para ganar la medalla de oro. Días antes de la inauguración, su novio, Hyginus Anugo, otro nigeriano que entrenaba con ellos en Valencia y que iba a correr el relevo largo, fue atropellado por la calle y murió. Glory se derrumbó. La pequeña atleta -mide 1,56-, desolada, se encerró en su habitación y comenzó a llorar desconsoladamente durante días. Sin comer y casi sin dormir.

Rafa, como un padre que protege a su hija, se encerró con ella. Intentó animarla y, cuando vio que aquello no se podía reconducir, la enfrentó tocándole la fibra competitiva: "O nos volvemos a España, o te levantas e intentas ser campeona olímpica. Por ti y por Anugo".

Glory ya es una mujer adulta de 42 años. Una madre de un bebé que reclama su atención mientras habla por teléfono. Pero aquel suceso, aquel drama, sigue enquistado. "No me gusta contar esta historia. Cuando lo he hecho, me he puesto triste, me he sentido muy mal. Fue un golpe muy grande. No sé ni cómo pude superar eso. Rafa se quedó conmigo y me ayudó". La gran Alozie se levantó y compitió. En las primeras vallas demostró que era la mejor, pero los días de pesadumbre lastraron sus piernas y acabó segunda. "Entonces me puse contenta. Di gracias al Señor y a toda la gente que se preocupó y rezó por mí. Yo recibí mucho apoyo esos días desde Valencia. Porque Valencia es mi casa. Y allí siempre me han apoyado y querido un montón. Y en Sídney, Rafa y la Federación Española, pese a que yo aún no era española, me apoyaron muchísimo. Recibí un amor tremendo".

El Gobierno de Nigeria se desentendió del cuerpo de Hyginus Anugo, que fue repatriado gracias a los buenos contactos políticos de Blanquer. Desde ese momento corrió el bulo de que Alozie, despechada con su país, tomó la decisión entonces de hacerse española. "Pero no fue así. Yo ya era española mucho antes. Yo vivía en Valencia y mis amigos eran españoles. Concha (Montaner) era siempre mi compañera de habitación y yo iba con los españoles, incluso cuando viajaba con la selección de Nigeria. Siempre me trataron fenomenal. Y voy a poner un ejemplo: en el Mundial de Sevilla, en 1999, yo todavía era nigeriana, pero tuve un problema en un pie y quienes me trataron, quienes me ayudaron a ser subcampeona del mundo, fueron los fisios y los médicos de la Federación Española porque Nigeria no tenía a nadie. Solo me faltaba el papelito para ser española, por lo demás ya lo era".

Esos fueron años gloriosos. La devota Alozie, que todas las semanas entregaba parte del dineral que ganaba como atleta de élite mundial a una iglesia evangelista de Valencia, que no dudaba en meter en su casa, ya independiente, a todos los nigerianos que venían a buscar su ayuda, que no dudaba en prestar dinero o en avalar a un compañero que quería comprarse un coche, disfrutó dentro de un grupo que era el mejor de España. Con Niurka Montalvo, Yago Lamela, Concha Montaner, David Canal… "Y más gente. Tacko Diouf (una senegalesa que llegó a ser campeona de África de los 400 metros vallas) o Norfalia Carabali… Buf, me emociono solo de pensarlo. Era increíble entrenar con ellos cada día. Disfruté mucho. Y quiero darle las gracias a todos ellos porque me ayudaron mucho y me hicieron mejor de lo que era. Ellos también fueron mi familia".

Luego llegó la retirada. Entonces decidió sacarse el título de entrenadora nacional. No era fácil para ella, que hacía lustros que no estudiaba. "Entonces encontré la ayuda de Redo (el mediofondista José Antonio Redolat, campeón de Europa de 1.500 en pista cubierta) y de Javi, mi gran amigo Javi (el vallista y hoy entrenador Javier Ginés)". Durante un tiempo estuvo trabajando en la escuela del Valencia. Hasta 2018, cuando llegó la oferta de un buen trabajo en Nigeria. Entonces dejó España, pero Glory, la mujer que, como atleta, hizo del sueño, de dormir cerca de doce horas, una de sus grandes virtudes, nunca dejó de mirar hacia Valencia, su ciudad.

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Historial Deportivo de Glory Alozie
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