Real Federación Española de Atletismo





 viernes, 16 de octubre de 2020   ENTREVISTA WEB 97/2020
Emilia Păunică: una historia sin fronteras

Por : Sergio Hernández-Ranera


Veintitrés años lleva entre nosotros esta velocista nacida en Rumanía. Su amor por el atletismo es tan fuerte que su dedicación prevaleció incluso en las azarosas circunstancias que le tocó experimentar recién inmigrada a España, cuando su carrera como atleta de alto nivel estuvo en suspenso. Su voluntad de hierro, que ni el duro trabajo en los invernaderos almerienses pudo quebrar, terminó por encontrar acomodo en la sabia tutela de Emilio Campra, decano de los entrenadores españoles y autor al que admiraba desde sus tiempos en la universidad. En apenas diez años ha atesorado 41 medallas en competiciones internacionales máster representando a España, país que ya considera el suyo. Entusiasta del estilo de vida saludable y profesional del acondicionamiento físico, ha puesto en forma a más de 3.000 personas.

- Naciste en Teleorman, en un país de gran tradición deportiva, y durante tu juventud desarrollaste una carrera atlética incipiente, de hecho vivías en un centro de alto rendimiento. ¿Qué te movió a cambiar de planes?
Competía desde los siete años, cuando gané una carrera de cross entre colegios. Vencí a todos los niños y niñas. Terminé mis estudios universitarios de Educación Física en el IEFS [Institutul de Educație Fizică și Sport]. Oposité, gané una plaza, pero el salario equivalía solo a unos 150 euros. En aquella época los atletas ya no teníamos tantos beneficios como durante el comunismo. Mi marca en 400 m era de 52:35, una marca mala entonces, tenía compañeras que corrían en 49 y pico. Y con 23:50 en 200 m apenas estaba entre las 10 primeras del país. El nivel era altísimo. Emigré pensando que en España podía mejorar. Durante mis últimos años de universidad seguí compitiendo en Rumanía, pero ya no teníamos tantas ayudas. Tenía compañeras que les pagaban por entrenar, yo no, porque estaba estudiando.

- En 1997 llegaste a España y te pusiste a trabajar en un invernadero, recogiendo y cargando productos hortofrutícolas, un trabajo muy duro. ¿Pudiste mantener la forma de algún modo? Al principio tuve buscarme la vida y mi forma física bajó. Me tocó cargar camiones de pepino, tomates -e incluso sandías los fines de semana-, como si fuera un trabajo de gimnasio, haciendo sentadillas. Tenía 25 años y quería recuperar el nivel que había tenido en Rumanía, pero tenía que trabajar desde las cinco de la mañana hasta el mediodía, y luego hasta las ocho de la tarde. No tenía ni bicicleta, así que me lavaba los pies, me ponía las zapatillas y me iba corriendo 8 km hasta mi casa con cambios de ritmo, series, cuestas… Fue una época muy difícil. Pero en 1998 ya me puse a competir y corrí en 53 segundos los 400 metros, y en 23.80 los 200 m. Yo entré en categoría máster con 37 años. En mi último campeonato absoluto entré última en San Sebastián con 25.0 segundos y me dije "esto es el final". Pero no pensé en competir como máster. Me retiré tres meses, no podía asimilar el paso de absoluta a máster.

- ¿Cómo te apañaste para no tener lesiones? ¿Tu espalda aguantaba?
No tuve ninguna lesión ahí, soy una persona muy positiva. Las sesiones de fuerza con pesas o con el peso del propio cuerpo son fundamentales para un velocista, así que me tomaba las cajas como si fueran pesas o balones medicinales. Al final aconsejaba a los demás cómo levantar correctamente los pesos, siempre he sido una pedagoga. La enseñanza en el IEFS fue una escuela de vida, está reconocido en España y homologué el título con el del INEF español. En el invernadero había pocas mujeres, pero daba indicaciones a los compañeros para coger correctamente las cajas. La verdad es que era la más fuerte. Me lo tomaba con humor.

-¿En qué momento dejaste el invernadero y te dedicaste a otras cosas?
Mi jefe me hizo los papeles, pero tuve que regresar a Rumanía a por un visado. Después se me hizo muy difícil vivir en El Ejido, trabajar en Balerma y Matagorda, y venir a entrenar con Antonio Zarauz a Almería, que está casi a 50 km. Unas monjas me albergaron en su convento, a cambio les daba clase de educación física. Después encontré trabajo en una cafetería y luego ya homologué el título. No paré hasta vivir al lado del estadio de atletismo en Almería.

"Emilio Campra fue como mi padre, un mentor y un amigo"

- Es entonces cuando conoces en Almería a Emilio Campra [1922-2014], legendario entrenador. ¿Sabías de su existencia o fue una casualidad encontrarlo en Almería?
Cuando conseguí mi primer permiso de residencia, mi primer entrenador fue Antonio Zarauz. Luego estuve con Antonio Orta. Finalmente entrené con don Emilio Campra, que estaba ya retirado. Yo estaba enamorada de su técnica desde la universidad. Fue como mi padre, un mentor y un amigo. Hasta tomábamos cerveza juntos. No entrenaba a nadie cuando yo lo conocí. "Es todo un placer conocerle y que siga activo, yo le estudié en Rumanía", le dije. Era un enamorado del atletismo y sabía todo de mí. Le decía a Antonio lo que me tenía que corregir, así que al final decidimos entrenar juntos. Cuando le conté mi historia y le dije que habíamos estudiado libros con su método, fue un feeling impresionante. Nos enamoramos el uno del otro, en el sentido positivo del atletismo. Teníamos la misma pasión. Ahora mismo me entreno sola, pero tengo siempre presente a mi mentor Emilio Campra y sus mandamientos.

- Pasan los años y una vez comienzas a competir en categoría máster, continuabas realizando marcas mínimas para participar en categoría absoluta.
Hasta hace tres años, sí. En 2016 me quedé tercera de Andalucía en categoría absoluta en los 200 metros. En marzo de 2010, competí en el Europeo e hice 26:30. En cambio hace cuatro años batí el récord de España con 25:67 en pista cubierta. Yo misma me sorprendo, llevo diez años de máster haciendo las mismas marcas que cuando me retiré de la categoría absoluta. De ahí las ganas de seguir.

"Ahora valoro más el aspecto saludable y tener una buena condición física"

- En tu etapa máster corres los 60, 100, 200 e incluso haces heptatlón. Aun así, ¿tu prueba favorita son los 400 metros?
Sí, antes los corría mucho. En los 400 m se sufre mucho, así que 'cambié el chip' y la categoría máster me la tomo como un placer. Porque mi época en alto rendimiento fue muy dura; con entrenamientos de estrés tres veces al día. Quise relajarme, no lesionarme tanto. Tengo dos operaciones de tendón de Aquiles y tres de rodilla. Tengo una buena base para seguir avanzando en máster. Ahora valoro más el aspecto saludable y tener una buena condición física. Intento estar bien, no fastidiarme tan rápido y acabar que no pueda luego siquiera hacer un rodaje. Por eso no corro los 400 metros.

- Una vez empiezas a competir, ¿qué diferencias experimentaste respecto a Rumanía? ¿Notaste el contraste?
Yo empecé de máster en 2010, en aquella época no había tanta gente, y de Rumanía no había nadie. Ahora sí, un amigo mío de mi época ha creado una federación máster y está moviendo cosas. Creo que somos un ejemplo impresionante para los jóvenes. Tenemos mucha ilusión por entrenar, es sorprendente. Yo entro en la pista con la misma ilusión que cuando tenía siete años e hice mi primera carrera, que gané tanto a niñas como a niños y desde entonces no he parado de correr. Era un cross entre colegios. Mi entrenador me decía que once años ya destacaba en cross.

-¿Cuál es tu mejor recuerdo de las competiciones internacionales máster?
Me gusta cada carrera que hago y me gusta mucho competir, independientemente de la competición. Ancona [Europeo de 2016] fue un buen campeonato, donde además logré el récord de España de 60 y 200 metros. En Alemania [Zittau, Europeo de 2012] fue sorprendente mi primer puesto en el heptatlón, era novedoso. Pero mi primera competición en 2010 fue especial, me di cuenta de que podía seguir entrenando si me cuidaba y hacía las cosas con alegría.

"Me emociona mucho subirme en el podio, porque yo me considero española"

-En apenas diez años, 41 medallas internacionales. Y parece que te apuntas a todos los relevos.
Sí, los atletas que me superan son mayores que yo, tengo todavía unos años para recortar la distancia. En cuanto a los relevos, me gusta mucho competir en equipo, integrar la fortaleza de un equipo. Me emociona mucho subirme en el podio, porque yo me considero española. No he tenido ninguna mala experiencia aquí. Ha sido duro, pero he tenido el apoyo de mucha gente, que me ve como un ejemplo.

- Tienes una página web de salud y deporte. ¿Entrenas a grupos y haces consultas?
Me gusta apostar por la salud. Después de competir en máster me di cuenta de una cosa: hay gente que piensa que ya estamos en una fase en que somos débiles, jubilados que no podemos hacer nada, que no eres eficaz. Pero el atletismo máster es un ejemplo de superación para personas mayores, que siguen trabajando su masa muscular, que siguen cuidando la condición física y la alimentación. Cuando voy a los campeonatos, hablo con los más viejos, porque me impresiona ver cómo se cuida la gente de 70 años, cómo hacen el trabajo de recuperación, su movilidad. Aquí en Almería llevo a muchos grupos que trabajan su condición física, les enseño que si tienes más de 45 años no eres viejo. Tengo personas que nunca habían hecho deporte, que llegaron a un punto en que no podían ni llevar una garrafa de agua o jugar con su hijo. He entrenado a más de 3.000 personas, también a gente que necesitaba prepararse físicamente para sus oposiciones. Lo agradezco, me saludan con orgullo por la calle, pues he sido parte de sus vidas para conseguir una meta. Ahora tengo un grupo de chicas que quieren ponerse en forma. También online, a distancia. Trabajo mucho a través de Internet.

- ¿Se puede decir que en España has aprovechado al máximo tu título universitario del IEFS?
Sí. Me he formado mucho, han sido 40 años de ensayo y error. Sigo aprendiendo. Con la situación actual, los entrenamientos online son una puerta abierta. Y también entreno de este modo a atletas máster. Durante el confinamiento, los entrenamientos online funcionaron más que nunca, no me lo esperaba. Llegué a tener más de 50 personas, y me decían que entrenaban más online que presencialmente, cinco días a la semana. ¡Salieron delgados del confinamiento! En Almería hay policías y bomberos que han sido entrenados por mí.

"Quiero cuidarme y aguantar hasta los 100 años"

- Al hilo de la dureza que comentabas, ¿tu cuerpo se resiente o manejas bien el esfuerzo para evitar las lesiones?
Las lesiones fueron una consecuencia de mi trabajo anterior como deportista de alto rendimiento. Repercute después. En mis primeros años de máster quise mantener el mismo nivel, mi cabeza no asimilaba la categoría, y quería entrenar al mismo nivel que cuando era absoluta. Pero con el tiempo aflojas y aprendes a tomártelo de forma diferente. Hasta los 38 años nunca me planteé variar la dieta. Ya en Rumanía teníamos un enfoque de comer sano desde siempre, a mí me formaron en la dieta saludable. Pero luego desarrollé una intolerancia al gluten. Ahora soy vegana y estoy genial. Mi recuperación en los entrenamientos ha mejorado. No tengo nada, aunque me operé el año pasado de la rodilla. He corregido mi alimentación, durante el confinamiento bajé casi 4 kg de peso. Así que ahora mis ganas de salir a la pista son impresionantes, mis entrenamientos son más de calidad. También descanso más. Entreno dos días y al tercero descanso, quiero cuidarme y aguantar hasta los 100 años [risas].

- En España siempre has vivido en Almería, aunque conoces toda España.
Toda España y el mundo. Me he enganchado a los campeonatos, para mí es una pasión encontrar amigos de todos los sitios, intercambiar experiencias y competir con chicas de todas partes. El deporte para mí es una oportunidad de trabajar en lo que me gusta. Los máster tenemos la suerte de visitar dos países diferentes al año, así que los campeonatos los concibo como competición y vacaciones. Es un privilegio. Somos prácticamente las mismas chicas compitiendo desde 2010. Con las italianas y alemanas incluso cenamos juntas. Para mí no es tanto el hecho de ir a ganar una medalla; el simple hecho de estar ahí me da la vida, ves que hay mucha gente como tú, que sigue el mismo camino.

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