Real Federación Española de Atletismo





 lunes, 29 de junio de 2020   ENTREVISTA WEB 61/2020
El agosto en el que Europa se rindió al fondo español

Por : Miguel Olmeda


Ha pasado más de un cuarto de siglo, pero el doctor Enrique Pascual sigue recetando a sus fondistas una medicina que es mano de santo: Valonsadero, Valonsadero y más Valonsadero. El mítico monte soriano se ha ganado a pulso formar parte de la centenaria historia del atletismo español. Allí se cuecen a fuego lento carreras con denominación de origen, tipos duros en el barro, el asfalto, el tartán o lo que les echen. "Soria es como Kenia", le dicen los africanos que van al cross a Dani Mateo, y quizás eso explique la clave del éxito. Esa vuelta de 14 kilómetros "con repechitos, que no es fácil de correr", fue el pan de cada día de Abel Antón antes de ganar la primera medalla de oro de España en un Campeonato de Europa al margen de la marcha. Y también el de Fermín Cacho, que dos días más tarde conquistaría la segunda.

Todo ocurrió en aquel mes de agosto de 1994 en el que el Viejo Continente se rindió al fondo español. No le quedó más remedio, a decir verdad.

Porque en el Estadio Olímpico de Helsinki la Marcha Real no dejó de sonar por megafonía. Primero en la jornada inaugural del día 7, con el triunfo en los 10000 metros de Antón, una calculadora humana que corría en esmoquin. Menos de 24 horas después, con el bronce de Valentí Massana en los 20km marcha. Y a la tarde siguiente, con un doblete inigualable de Cacho y Viciosa en el 1500m. Por último, en un domingo 14 mágico para el deporte español, con los bronces de Antón y Tomás de Teresa en 5000m y 800m y el triplete de Martín Fiz, Diego García y Alberto Juzdado en maratón, un podio monocolor nunca antes visto en los Europeos.

"Cada rodaje era un fartlek"

Enrique Pascual marcaba las pautas del medallero español en Helsinki, pero eran sus propios atletas quienes se empujaban entre sí para llegar antes que nadie a la línea de meta. Quedaban Fermín (Cacho) y Abel (Antón) a eso de las once menos cuarto para hacer su rodaje mañanero. 14 kilómetros que duraban tranquilos apenas 10 minutos. "A partir de ahí eran cambios de ritmo por todos sitios, daba igual si había cuestas o llano", recuerda Cacho. "Nuestra carrera continua era un fartlek diario". Aunque la culpa, insiste su compañero de fatigas, era del agredeño: "Fermín siempre se ponía a medio metro, y si te colocabas a su altura, cambiaba. Te llevaba a toda leche". Y así acababan la primera sesión del día, con tres últimos kilómetros en asfalto "que eran una competición para ver quién dejaba a quien" en los que se iban por debajo de los tres minutos el kilómetro. Soltando piernas.

"Y las series, esprintando continuamente"

Al margen de un talento innato que el propio Enrique Pascual se encargó de reclutar, en Soria lo que sobraba era trabajo. "Siempre hacíamos los entrenamientos fuertes, prácticamente no descansábamos. No entraba en nuestros planes hacer ritmo suave el día antes de competir", asegura Cacho. "Lo pensábamos de esta forma: normalmente en 1500m corres una eliminatoria y al día siguiente una semifinal. Luego descansas un día y corres la final. Lo quieras o no, la eliminatoria es una competición, y no vas despacio pensando en la semifinal".

"Valonsadero es un sitio privilegiado para entrenar. No solo te protege de lesiones por el tipo de terreno, sino que te hace duro para competir", explica Antón. "Luego el extra de dureza lo poníamos nosotros. Si no tiraba uno un día, tiraba el otro". Y si no, el tercero en discordia, el cántabro Tomás de Teresa, que en Helsinki se colgó el bronce en 800m. "Dominaba muy bien las series cortas. Los 400, 500, 600… Ahí me ponía detrás de él y le decía: 'Tomás, tira'. Eran series esprintando continuamente", relata Cacho.

"Ahí veías que ya estabas preparado para el campeonato"

Uno de la diminuta localidad de Ojuel y otro de la pequeña villa de Ágreda, Antón y Cacho siguieron a Pascual hasta la capital provincial. En Soria, el calendario se dividía en dos estaciones: una, de octubre a febrero; la otra, de marzo a septiembre. "En la primera parte el 90% de lo que hacíamos era volumen y competiciones de campo a través", recuerda el mediofondista. La pista cubierta, casi ni pisarla. "Luego bajábamos muchísimo el kilometraje y tocábamos pista continuamente, cosas ya específicas para nuestras pruebas". Así, hasta dos semanas antes de Helsinki en 1994 y del resto de grandes campeonatos los otros veranos. Entonces se demostraban a sí mismos que todo estaba a punto para el día D. "Hacíamos series de 1000 metros, recuperábamos 30 segundos y luego, un 200m. El 1000m en 2:18 y el 200m en 25 segundos. O series de 1200m a ritmo de competición, en 2:48, 2:49… Ahí veías que ya estabas preparado para el campeonato", explica Cacho, que en 1997 fijaría el récord de España de 1500m en 3:28.95, una marca superlativa al punto de que ningún otro atleta nacido en Europa ha logrado superarla.

Con todo, a las órdenes de Pascual no se corría para ganar al crono, sino para colgarse medallas. Cuantas más, mejor. "Solo competíamos antes de los campeonatos como parte de la preparación. Lo hacíamos porque no puedes estar sin competir, necesitas coger ritmo, ver cómo estás entrenando y a la vez ver cómo van tus rivales", analiza Cacho. Y es que en el arte de leer carreras Antón y él eran unos maestros.

"Si entras a todos los cambios, al final mueres"

En Helsinki, Abel Antón buscaba un doblete zatopekiano en 5000m y 10000m. "Me veía con posibilidades por las marcas que tenía y los rivales, y porque había muchos días entre la final del diez y las eliminatorias del cinco -cuatro días-, y entre estas y la final -tres-". Y es que, con la elegancia por castigo, al soriano le sufrían los gemelos cuando enlazaba carreras, algo que solventaría en la capital finlandesa en un ejercicio de cálculo a la postre decisivo.


    

Primero correría un 10000m con una colección de sub28 en la línea de salida, aunque el ritmo se presuponía algo más lento. "Algo que a mí me venía muy bien porque aguantaba perfectamente y mi fuerte era el final", desliza Antón. Y jugó con ello desde el primero de los 25 giros al anillo: "Me puse atrás del grupo y me dediqué, durante el 70% de la carrera, a regular y a hacer la goma. Siempre expectante y sin caerme del grupo". Que los rivales tiraban una vuelta en 62 segundos, Abel se dejaba llevar. Que a la siguiente se marchaban por encima de 70, Abel se iba para arriba recogiendo cadáveres. "Si en una carrera hay muchos cambios de ese tipo y tú entras a todos, al final mueres".


En los últimos tres kilómetros, Antón se instaló en el grupo de cabeza para no perder pista en ningún ataque, aunque incluso en el arreón definitivo del belga Vincent Rousseau, a falta de 400 metros, reguló: "Todo lo que se puede regular cerrando en 56 segundos. Le fui marcando distancia, pero se quedó fundido tras hacer un cambio impresionante de 24 segundos del 9600 al 9800". También clavó el alemán Stéphane Franke, que había entrado al envite, y Antón los superó a ambos llevándose la victoria a menos de 30 metros de la meta con un crono de 28:06.03.

"Sabía que Rousseau era capaz de terminar en 54 segundos, aunque íbamos a tope y yo pensaba que sería muy difícil aguantar ese ritmo. Es verdad que a falta de 200 metros creía que tendría complicado ganar, pero en cuanto vi que entrando en la recta ya le había recortado algo y él no daba más de sí supe que lo pillaba".

"Conté los que tenía delante y a regular"


    

Una semana después de ganar su primer oro continental, Abel Antón se colgaría el bronce en los 5000 metros. En una final lenta que se ganaría en 13:36.93, el soriano no pudo seguir la estela del alemán Dieter Baumann, oro, y el británico Rob Denmark, plata, pues se enganchó en la última curva con otro español, Anacleto Jiménez, y al recuperar el sitio solo fue capaz de remar hasta el tercer cajón del podio: "Cuando entré en la recta supe que mi lugar sería el bronce, Baumann y Denmark ya estaban muy lejos".


Esa segunda medalla, sin embargo, se gestó tanto o más en la semifinal de tres días antes. "Yo era un atleta que no recuperaba bien cuando había dos carreras seguidas y, como me tocó en la segunda serie, al ver que íbamos sobrados para entrar por tiempos me dediqué a controlar en el último kilómetro", analiza Antón. Y es que se clasificaban los cinco primeros de cada eliminatoria y las cinco mejores marcas. "Conté los que tenía por delante y a regular, pues no había ningún peligro". Entró décimo y ninguno de los nueve que le habían ganado en semifinales pudo colarse con él en el podio.

"Si estás bien, estás para ganar una carrera rápida y una lenta"


    

Para Fermín Cacho la táctica era, sencillamente, ser mejor que el resto. "Siempre he dicho que cuando estás bien, estás para ganar salga una carrera rápida o lenta". Confiaba en su entrenamiento y por ello no pensaba en las eliminatorias. De las de Helsinki ni se acuerda. "Nada de nada", asegura. Y es que la faena previa a la final era un trámite necesario y punto. "Las damos por pasadas. Solo le decía a Enrique: ¿Corremos la primera, la segunda o la tercera? Y ya bastaba, no queríamos saber nada de quién nos tocaba. Prefería que los demás se preocupasen de en qué serie les tocaba conmigo".


En la final de Helsinki 1994 todos estaban preocupados por Cacho y él sabía que el peligro lo tenía a dos horas y media de casa. "Isaac Viciosa -para Antón, "seguramente el mediofondista español más completo de la historia"- y yo habíamos dominado el mediofondo europeo ese año, así que sabía que tenía que estar muy fino para ganarle", apunta el de Ágreda, y la pista le dio la razón.

El italiano Gennaro di Napoli planteó una carrera a ritmo de mitin y los puso a todos en fila, hasta que Cacho le adelantó con 250 metros por delante. "Tenía muy claro que debía ser el primero al entrar en la curva para poder cambar ahí". Así lo hizo, y solo el palentino Viciosa le acompañó en la aventura hacia el oro. "Pero siempre te quedas una reserva para hacer otro cambio en la recta de meta", desvela Fermín entre risas, como si el resto de los mortales fuera capaz de lanzar dos ataques ganadores en la última vuelta. Viciosa no pudo con seguirle y se colgó la plata. Cacho, vigente campeón olímpico, también lo era ya de Europa. Y con récord de los campeonatos (3:35.27, aún vigente). Solo le faltaría el oro mundial, que le había quedado cerca en 1993 y volvería a hacerlo en 1997.

Enlaces relacionados:

Historial Deportivo de Abel Antón
Historial Deportivo de Fermín Cacho
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