Real Federación Española de Atletismo





 viernes, 26 de junio de 2020   ENTREVISTA WEB 60/2020
Margarita Ramos. Once años y tres metros

Por : Fernando Miñana


Margarita Ramos elevó el lanzamiento de peso a otra dimensión en España. La leonesa ganó 23 títulos de campeona nacional y batió 35 récords de España.

Margarita Ramos (Marga a partir de aquí, pues detesta la versión larga de su nombre) escribió su historia deportiva entre dos 5 de julio. El de 1986, la fecha de su primer récord de España, y once años después, el de 1997, el último. Por el camino, a través de esos años triunfales, un porrón de títulos y plusmarcas para elevar el techo de su especialidad, el lanzamiento de peso, algo más de tres metros. Una proeza. La campeona castellano-leonesa, con once títulos ininterrumpidos en pista cubierta y doce al aire libre, nació en Cea. Aunque sus recuerdos de la infancia no son de esa aldea sino de Astorga, del cuartel adonde fue destinado su padre, guardia civil. "Recuerdo el día que murió el caudillo y el ambiente solemne, todos firmes, que se instauró en el cuartel. Y los niños que no pasáramos de la puerta", recuerda. Y luego los años de plomo y la sombra siempre amenazante de ETA. "Eso lo entendí cuando pasó el tiempo. Veías la preocupación en las caras de la gente, pero de eso te das cuenta después".

Ya en León, aquella chica grandullona despuntó en el baloncesto. Pero algunos amigos comenzaron a tirar de ella para llevarla al Hispánico, donde practicaban atletismo. "Y un día, en escolares, te dicen que les falta uno en el equipo y vas con ellos. Y poco a poco te vas enganchando y vas a hacer el ganso por allí. Hasta que, con 17 años, Carlos Burón, que acababa de llegar a León, iba 'brujuleando' por la pista y acabó captándome". Fue el primero de sus tres entrenadores. Porque más tarde pasaría a trabajar con Luis Lizaso y luego con José Antonio Alija".

Tres años después de empezar a entrenar con Burón llegó su primer récord de España. Aquel 5 de julio de 1986 competía en Epinal, al este de Francia. Las lanzadoras españolas no eran nadie en el concierto internacional. Su objetivo no era otro que superar a su compatriota. Esa era su competición en miniatura y, en ese momento, su gran rival era Enriqueta Díaz, la mejor lanzadora del último lustro. "Yo tenía 20 años y veía que ella era la favorita, que era más conocida, pero yo iba de subida y ese día la ganadora fui yo y le quité el récord". Marga lanzó 14,84, que hoy es una birria pero en aquel momento, en 1986, supuso un nuevo récord de España. Vendrían muchos más: 14 en pista cubierta y 21 al aire libre. En total, 35 récords de España. Otra proeza.

Marga recuerda sus inicios, junto a un café, un domingo por la mañana de esta primavera extraña. El trabajo y las obligaciones no dejan mucho tiempo para la cháchara y se tiene que refugiar en el último día de la semana. Dentro de poco -hoy- cumple 54 años. Se siente bien. Pero si la primera mitad de su vida fue una sucesión de saltos entre un título y otro, entre un récord y el siguiente, la segunda parece un desafío tras otro a su cuerpo.

El primer golpe fue en 1999. "Tras la pista cubierta, entrenaba mucho pero no veía los resultados. Ni la bola iba ni las pesas subían. Estaba cansada y tenía algo de fiebre", explica. La lanzadora decidió ir al médico. Le hicieron unas pruebas e inmediatamente la ingresaron. "Salió el bicho y entonces se paró todo en seco". El bicho era un linfoma de Hodgkin que prácticamente liquidó su carrera deportiva. Como contrapartida le tocó experimentar las caricias de la sociedad española en una época, finales de los 90, en la que no eran tan habituales estas muestras públicas de apoyo. "Me sentí muy arropada. Y eso ayuda. Yo siempre he sido muy positiva y tenía claro que lo iba a superar".

Un día, estando en el hospital, su hermana le avisó de que el equipo de balonmano de la ciudad, el Ademar León, iba a jugar la final de la Recopa y que era posible que tuvieran un guiño con ella. Eso no evitó que se emocionara cuando vio salir a los jugadores con una camiseta en la que ponía 'Ánimo, Margarita'. "Cuando lo vi, buah, aún se me pone el vello de punta. Ellos fueron los que iniciaron esa campaña de apoyo. Y después del verano, la Federación Española me hizo un homenaje al que acudió muchísima gente. Durante ese tiempo recibí llamadas insospechadas… Como el mismísimo José Carreras (el conocido tenor que sufrió una leucemia linfoblástica y que, un año después, creó una fundación). Fue un boom de gente que te apoyaba. En su momento pensé que lo que no había logrado con mis títulos y mis marcas, salir en las portadas de los periódicos, lo logré con esto", cuenta antes de estallar en una carcajada.

Hace seis años pasó otra mala racha. "Una arritmia que he tenido toda mi vida empezó a complicarse y se mezcló con una hernia discal que me hizo pasar dos meses muy malos, con muchos dolores". Y el último, en 2018. "La tensión a nivel cervical se unió a una bacteria durante un año. Como consecuencia, las cervicales se me han adosado unas a otras y eso me ha provocado que menguara mi estatura y aumentara mi rigidez. Esto sí que me lo ha hecho pasar francamente mal".

Pero ya quedó atrás. Otro segmento de la vida. Ahora es feliz con su trabajo como coordinadora de varios deportes en las Escuelas Municipales Deportivas del Ayuntamiento de León y viendo crecer a su hija, que carga, a días feliz, a días no tanto, con la obsesión de su madre por Fiona May, la gran rival de la saltadora Niurka Montalvo. "Me encantaba, era espectacular. Cuando mi hermana se quedó embaraza, le propuse el nombre de Fiona y me dijo que si estaba loca, que era el nombre más feo del mundo. Así que cuando me quedé yo, me comentó que a ver si ahora me iba a atrever. Y tanto que lo hice. Ahora mi hija disfruta de un nombre único, que nadie más usa". Fiona ya tiene 14 años y ha decidido, por su cuenta, probar con los lanzamientos. "Cuando yo competía en el extranjero me sentía diminuta al lado, por ejemplo, de las alemanas. Pues bien, Fiona tiene ahora la planta de aquellas alemanas…". Así que le ha tocado volver al atletismo, el deporte que le permitió disfrutar del momento más excitante de su vida: los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Admiración por Fiona May
Ser mujer y lanzadora en los años 80 y 90 equivalía a sufrir la marginación del género y de la especialidad a la vez. "Parecía que no causábamos un efecto muy positivo en el espectador, que es quien decide qué quiere ver. Y por ser más grande de lo habitual (Marga medía 1,78 y pesaba 95 kilos o incluso, en épocas de carga, más de cien), te rechazaban. Parecía que era más agradable ver a una corredora o a una saltadora. Aunque yo no lo viví mal. Me he podido sentir discriminada muy pocas veces". Así que no estaba muy acostumbrada a competir delante de mucho público.

Hasta 1992
Marga ya vivía en Barcelona, en el CAR de Sant Cugat, y entrenaba con Lizaso. Cuando al fin le dieron la plaza, se propuso disfrutar a tope de ese momento único. "Fue increíble. Me lo pasé espectacularmente bien. Lo viví todo: el desfile en la inauguración, la villa olímpica, los entrenamientos, ver otros deportes, conocer a gente…".

Y hasta un desayuno inolvidable. La atleta portaba la bandeja al lado de su amiga Conchi Paredes (una saltadora de triple que murió por un cáncer hace un año) y vieron que en una mesa estaba el regatista Luis Doreste con Lizaso. Se acercaron, ocuparon los huecos que quedaban y cuando levantó la vista se encontró justo delante del Príncipe (hoy Rey) Felipe. "Madre mía. Lo primero que hice fue mirar qué llevaba en la bandeja para no quedar muy mal; no sabía dónde meterme. Pero fue encantador. Me estuvo preguntando por el atletismo y elogiando a los atletas. Nombró a Antonio Peñalver (sería subcampeón olímpico en decatlón) y a Javier García Chico (bronce en pértiga), que nadie apostaba por ellos, y dijo que iban a ganar una medalla. Me encantó, aunque lo pasé fatal…".

La pista fue otro shock. Ella estaba acostumbrada a competir delante de una grada de cemento donde, como mucho, estaban los entrenadores. Y, de golpe, accedió a la pista del estadio olímpico y se topó con el gentío, con el público que le dedicaba un aplauso atronador en la presentación, que estaba pendiente de sus lanzamientos… "Eso me descolocó muchísimo. No sabía dónde mirar. Es algo con lo que no cuentas y te hace pasar muchos nervios. Acabé decimotercera, a nada de pasar a la final".

Aún le quedaba un peldaño para alcanzar el nivel de la élite mundial. Y eso pasaba inexcusablemente por lanzar más de 18 metros. En 1996 coincidió en el Campeonato de España en pista cubierta con Martina de la Puente. Se batieron en el círculo y la asturiana sentenció con un tiro de 17,93, que era nuevo récord nacional. Ramos aún hizo dos lanzamientos superiores a su anterior plusmarca pero se quedó en 17,84. "Aquella final fue como el concurso de Epinal, solo que esta vez yo era como Enriqueta y Martina como yo. Eso sí, luego ya siempre la dejé por detrás". La leonesa habla del último 5 de julio, el de 1997, el día que firmó su mejor concurso, con un nuevo récord de España (17,93), cinco lanzamiento por encima de los 17 metros y tres de más de 17 metros y medio. Su enésima proeza.

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Historial Deportivo de Margarita Ramos
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