Real Federación Española de Atletismo





 jueves, 21 de mayo de 2020   ENTREVISTA WEB 45/2020
Javier Moracho y el día de mañana

Por : Alfredo Varona


A los 16 años, Javier Moracho recibió un telegrama que le cambió la vida. En él le notificaban que le habían admitido en la residencia Blume de Barcelona.

-Solo te pongo una condición, que tienes que estudiar -le dijo su padre, que era un obrero de la industria química de Monzón.

Hoy, Javier Moracho se emociona al recordarlo como también se emociona al recordar aquel día nada más llegar a Barcelona, en pleno entrenamiento, en el que su entrenador Jaime Enciso le dijo:

-Te veo preocupado.

-Es que mañana tengo un examen y no lo llevo bien preparado -le contestó Moracho.

-Deja el entreno y vete a estudiar - replicó el entrenador y automáticamente el atleta pensó, 'este tío y yo nos vamos a llevar muy bien'.

Y no se equivocó.

Jaime Enciso fue su único entrenador desde 1973 hasta que se retiró en 1990.

Hay mil maneras de definir a Javier Moracho, que hoy tiene 62 años y que nos obliga a hablar del hombre que supo anticiparse al futuro. Siempre tuvo presente esa promesa que le hizo a su padre: irrevocable.

A los 32 años, cuando se retiró del atletismo, Moracho ya había aprobado las oposiciones como profesor de instituto. Es más, tenía plaza fija en el de Pedraforca, en Hospitalet, a cinco minutos en moto de su casa desde la Avenida Diagonal.

-Siempre quise prepararme para el día después: ¿qué iba a pasar el día que dejase de ser atleta?

Y fue un gran vallista Javier Moracho: un currículum poderoso que refleja a un atleta que fue 17 veces campeón de España, tres veces olímpico (Moscú, Los Ángeles y Seúl) y hasta campeón de Europa en pista cubierta en el Palacio de los Deportes de Madrid en una competición en la que desafió a la eternidad:

14 participaciones seguidas (1977-1990).

Pero, sobre todo, ese currículum muestra a un atleta que tenía las ideas claras y a un joven que sabía hablar y que sabía escuchar como aquel día en el que departió con el mítico Edwin Moses.

-Él siempre me decía que entrenaba 4 horas a muerte y el resto del día para prepararse y si lo decía él, que ganó 122 carreras seguidas y estuvo casi 10 años imbatido, ¿por qué lo iba a dudar yo?

Javier Moracho no sólo fue un atleta valiente. También fue un hombre que negociaba por sí mismo, que nunca tuvo mánager y que se relacionaba con todo el mundo entre los que había gente tan tentadora como Serguei Bubka.

Un día hablando, como quien no quiere la cosa, Bubka le dijo:

-No te metas en negocios que no conozcas: siempre saldrás perdiendo.

Javier Moracho se quedó pensativo. Es más, no ha dejado de pensar en esa frase el resto de su vida. Quizás por eso casi nunca le ha ido mal en las inversiones que ha hecho.

Javier Moracho perteneció a una época en la que había dinero en el atletismo y él supo aprovecharlo. "Había semanas en las que participaba en cuatro mitines en 4 países diferentes". Luego, también supo invertir. "Mi generación fue la que profesionalizó el atletismo porque empezamos a traer patrocinadores por nosotros mismos".

-Y eso le cambió la vida, claro.

- Totalmente, porque había que hacer cosas. Había que moverse porque es bueno para la cabeza del atleta. No puedes estar todo el día pensando solo en el atletismo, hay que hacer otras cosas.

-Es buena idea.

- No por entrenar más vas a llegar más lejos. Yo nunca doblé entreno mañana y tarde. Jamás. Hay otras cosas, me decía siempre mi entrenador.

-Hay otras cosas en la vida. Es verdad.

-Pero lo importante es la actitud, tu actitud. No decir 'yo no sé hacer eso', porque siempre se puede aprender a hacer las cosas como decía mi entrenador.

-Así es.

-Jaime era un tipo culto, que era licenciado en Derecho. Había trabajado de procurador en los Tribunales: yo y toda mi familia le quisimos con locura. Él fue como un abuelo más para mis hijas y desde 1973 cuando entré en la Blume hasta 1990, cuando me fui, siempre me entrenó él. Fueron 17 años. Me ayudó a formarme como persona. Después de viejecito le cuidé hasta que murió.

Javier Moracho también se acuerda del año 81 cuando él sustituyó a Ramón Cid como capitán de la selección. De esa responsabilidad aprendió mucho. "Procuraba que las votaciones para aprobar las subidas de becas y premios de los atletas fuesen a mano alzada. Era más fácil ganarlas porque así se sabía quien votaba en contra y lográbamos subidas anuales del 10%".

-¿Y fue tan fácil como lo cuenta?

- Sí lo fue, sí, porque en aquella época teníamos un seleccionador como Carlos Gil que nos lo facilitaba todo. Recuerdo las concentraciones en Canarias en Navidad y Semana Santa. Yo le decía, "Carlos, me lo pago yo pero me gustaría que vinieran mi mujer y mis hijas en estas fechas, es mejor para mí, estoy más tranquilo', y él me contestaba, 'adelante, es lo lógico'.

Los recuerdos hoy son infinitos, antes y después de dejar el atletismo. Moracho ya está jubilado. Ahora es un hombre que reparte su vida entre Barcelona y Benasque donde pasa horas montando en bicicleta por los bosques de los Pirineos. Luego se apunta a carreras de medio mundo: Mongolia, Tian Desert del Sahara, Atacama en Chile, Brasil, Argentina... o la Quebrantahuesos. Y, al final, no baja de los 12.000 kilómetros al año.

Tiene ya cuatro nietos y un pasado que es una mina en el que se puede regresar a multitud de sitios. Sin ir más lejos, al estadio de Vallehermoso en 1987 cuando Danny Harris rompió la imbatibilidad de Edwin Moses.

-Aquella carrera la monté yo, con Matinot y Unipublic, me acuerdo que me llamó Carl Lewis y me dijo que quería correr el 200 porque Vallehermoso era una pista donde se hacían grandes marcas y le servia de preparación para el Mundial de Roma. Tuve que decirle que no porque se había acabado el presupuesto y Carl Lewis me dijo 'dejame la calle 4 ó 5 y voy'. Corrió gratis el 200 e hizo 19.92, mejor marca mundial del año.

También podemos recordar años después cuando Primo Nebiolo trató de fichar a Moracho para trabajar en la IAAF. Pero entonces se hubiese tenido que ir a vivir a Mónaco y dijo que no.

- Mi familia y yo somos felices en Barcelona -añadió.

De ahí quizás sale una vida que demuestra lo importante que es poder elegir y Moracho pudo hacerlo. Y él siempre piensa que la clave estuvo en la única condición que le puso su padre para salir de Monzón: estudia y prepárate, no quiero tener un hijo que solo sepa correr.

Quizás por eso yo también me he encontrado hoy con un personaje por encima de un ex atleta. La conversación podría haber durado 24 horas y, aunque nos hubiésemos quedado sin dormir, hubiese sido un tiempo bien invertido. Nos hubiésemos emocionado hablando del Larios y de sus 7 Copas de Europa. O del Atlético Monzón y de su 75 aniversario. Hasta de sus 30 años de director de protocolo y relaciones públicas en la Vuelta Ciclista a España.

Pero una entrevista es como una casa pequeña en la que no entra todo. De ahí la importancia de organizarse y a estas alturas de la entrevista creo que Javier Moracho, uno de los ocho olímpicos que ha dado Monzón, nos ha transmitido el mensaje que pretendía: un mensaje impecable basado en el día de mañana en el que todo vuelve a empezar para el deportista.


 

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