Real Federación Española de Atletismo





 martes, 19 de mayo de 2020   NOTICIA WEB 117/2020
Saúl Ordóñez, valiente y agresivo para hacer historia

Por : Miguel Olmeda


La noche del 4 de marzo de 2018, Saúl Ordóñez compartía una pinta de cerveza con Marc Alcalá, uno de sus mejores amigos en el atletismo, en un bar cualquiera de Birmingham. Sorprendidos porque el personal allí desfasaba a pesar de no ser más de las 11 de un domingo, a pesar de que nadie en el local tenía más motivos para celebrar que Saúl, desde ese día y por derecho propio uno de los mejores mediofondistas del planeta. Acababa de ganar la medalla de bronce en los 800 metros en el Mundial de pista cubierta, pero después de la tormenta, llega la calma. Y en el tartán el berciano es, ante todo, tempestad.

"Soy un atleta al que le gusta pelear en competición y sacar todo el genio que pueda, correr delante", reconoce Ordóñez dos años después de la noche en la que se descubrió ante el mundo. Antes, en julio de 2017, se había hecho mayor ganando el Campeonato de España al aire libre en Barcelona, devorando en la recta de meta a los grandes favoritos encabezados por el entonces plusmarquista Kevin López. Aquella victoria con el cuchillo entre los dientes, que sin embargo no fue suficiente para mandarle al Mundial de Londres porque logró la mínima fuera de plazo, sentó las bases de un histórico 2018 para Saúl: debut con la selección, dos medallas internacionales y un récord nacional.

A Birmingham, en todo caso, Ordóñez llegó sin hacer ruido ni la mínima oficial (1:46.50), aunque una buena posición en el ranking mundial le acabó valiendo el billete para su primer campeonato absoluto con España. "No tenía la marca porque las carreras no siempre son óptimas, pero había corrido en Karlsruhe por debajo de 1:47 (1:46.96), entrando tercero y peleándome con grandes atletas. Sabía que estaba a un nivel alto", recuerda el pupilo de Uriel Reguero. Y lo demostró en semifinales, valiente, plantando cara a todo un campeón del mundo: "Luchamos Adam Kszczot, Mostafa Smaili y yo. Me vi superbién, muy fuerte, y pensaba 'me meto fijo', pero el marroquí es muy rápido en los últimos 50 metros y consiguió meterme la cabeza". Los tres cruzaron la meta en un lapso de 9 centésimas, con el de Ponferrada en tercer lugar, por tiempos en una final en la que ya esperaba Álvaro de Arriba, primero en su serie.

Kszczot, Smaili, Giles, Windle, De Arriba y Ordóñez. Seis atletas para tres medallas muy abiertas. "Sabía que todos los que estábamos en la final podíamos subir al podio, pero antes de correr estaba convencido de luchar por estar en él", asegura Saúl. Dicho y hecho: se colocó en el hombro del marroquí y en el ecuador de la carrera tomó el mando, una posición privilegiada a la hora de repartir los metales. "La táctica era ser agresivo en la pista, como a mí me gusta correr, y defenderme", señala, "pude estar atento para colocarme delante de Kszczot antes de que saliera con su cambio y así estar en las medallas en todo momento". En su primera embestida, Ordóñez le cerró la puerta al polaco, para finalmente coger su estela al toque de campana y sufrir hasta la meta, donde el norteamericano Windle le arrebató la plata por apenas 2 centésimas.

Ese bronce supuso el regreso del 800m español al podio de un Mundial de pista cubierta. Al doblete de oro y plata de Colomán Trabado y Benjamín González en París 1985 le sucedió en Sevilla 1991 la plata de Tomás de Teresa, que tuvo que esperar 27 años para entregarle el testigo a un compatriota.

Récord en la 'Meca del mediofondo
Aquella medalla le abrió puertas a Saúl Ordóñez, fue un punto de inflexión. "Te da cierta relevancia y estatus en cuanto a la prensa y la importancia para las marcas, es como una garantía de tus cualidades y confían en que puedas repetir ese éxito", reflexiona. "Los mítines, en cambio, se rigen más por las marcas", y las del berciano no tardarían en llegar.

En su debut al aire libre aquel verano, en el Meeting Iberoamericano de Huelva, Ordóñez le metió un mordisco de casi un segundo a su mejor registro, pasando de 1:45.28 a 1:44.44. Ya entre los mejores del continente, hizo su debut en la Diamond League de París con un tercer puesto y otra marca personal, 1:44.36. Empezaba a ver de cerca el récord de España de Kevin López, uno de sus referentes, y una fecha en el calendario marcaba el primer asalto, a la postre definitivo: 20 de julio de 2018, Estadio Luis II de Mónaco. "Me veía en forma para batirlo, estaba corriendo muy fuerte. Sabía que si las cosas iban bien y se cumplía eso que decían de la pista de Mónaco, que es privilegiada para hacer marcas, podía bajar ese medio segundo que me faltaba", sostiene el atleta, que entrena en Valladolid. "Aunque el récord no era mi principal meta, no me obsesionaba".

Sin embargo, en la 'Meca del mediofondo', Ordóñez no tuvo una carrera perfecta. Más bien, todo lo contrario: nada más coger la calle libre, "donde todos quieren ir delante", se vio frenado por el keniano Kipketer, con quien una vuelta después tendría un encontronazo que casi le cuesta el récord a falta de 200 metros de la meta. "Se estaba abriendo un hueco con Amos y McBride y a Kipketer le fallan las piernas, se empieza a quedar. Entonces Bosse ataca por fuera y yo veo que hay un hueco en la calle 1 y me lanzo", explica el mediofondista berciano. "Casi ni le llego a tocar; es más el bocadillo que le hacemos entre Bosse y yo, porque encima él iba láctico y sin mucha fuerza, y nos chocamos. Por suerte yo consigo salir bien", añade.

Tan bien que acelera y acelera hasta entrar tercero en la meta, batiendo el récord de España por nueve centésimas. Parando el crono en 1:43.65 que acabaría el año como mejor marca europea y octava del mundo. Quién sabe hasta donde hubiera llegado Saúl sin aquel choque en la última curva. "Me cuesta imaginar lo que hubiera corrido, lo que pasó, pasó. Me encantaría poder decir que si no hubiese pasado eso habría hecho 1:42, pero no me veo tan convencido", admite con humildad.

Tres semanas después, en el Europeo de Berlín, Saúl Ordóñez vivió la cara amarga del atletismo al quedarse fuera de la final "en una de esas carreras que ya no quieres volver a ver". Eso sí, pudo desquitarse con un título continental en el relevo mixto del Campeonato de Europa de Campo a Través en Tilburg, en la que sería su última competición de un 2018 mágico e inolvidable. Un broche de oro.


 


 

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