Real Federación Española de Atletismo
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 martes, 08 de octubre de 2019   ENTREVISTA WEB 74/2019
La pena de Roberto Parra: "No supe resolver mis problemas"

Por : Alfredo Varona


Fue en el mes de marzo de 1996 y él, Roberto Parra, iba a ganar aquel Europeo de pista cubierta en Estocolmo, la final de 800. Tenía 19 años y nunca había realizado tres carreras tres días seguidos. Aquel día se había levantado destrozado. En el hall del hotel decía que no podía ni con su alma. Pero su cabeza era su patrimonio. "Una vez en la pista, quise verlo fácil. Había tres medallas y corríamos seis y tuve claro que una de esas medallas debía ser la mía".

No se equivocó.

A los 19 años, Roberto Parra lograba lo que no le había dado tiempo a soñar. Pero tenía esa seguridad en sí mismo innegociable desde el verano del 95 cuando se convirtió en campeón de Europa junior de 800 metros con una marca que aún brilla en la historia: 1'45"90. A esa edad, no la ha hecho ningún atleta español más que él.

Tenía 18 años.

Tenía, en realidad, una clase mayúscula que le invitó y nos invitó a soñar con lo máximo hasta que descubrimos que en la vida casi nunca existen ecuaciones perfectas. Él, Roberto Parra, fue un atleta al que le costaba poco trabajo entrar en forma". "Tenía ese talento, esa destreza", recuerda él hoy, a los 43 años. "Cogía la forma en invierno y no llegaba al verano La prueba está en mi estadística que es demoledora. Sólo pude competir en cuatro campeonatos de España absoluto en toda mi carrera".

"Estaba aburrido de lesionarme. Nunca tuve esa constancia", agrega hoy, a la hora de poner los recuerdos en orden, de aceptar que el pasado es un sitio en el que ya nadie te da la lata. Pero el problema fue vivirlo. "Yo no tengo la satisfacción de haberlo dado todo. Es una pregunta que me acompañará hasta la eternidad: ¿Hasta dónde habría podido llegar? No fue fácil convivir con ella. No era fácil entender que, mientras otros atletas se quejaban de cansancio, yo me iba a una camilla o me iba a visitar médicos a Madrid o a probar todas las terapias posibles. Pero, nada, no había manera".

Y fue como un golpe por la espalda.

"Pero era lo que había", replica. "Yo tenía problemas que los demás atletas sabían como solventar. Sin embargo, yo era incapaz. No sabía como hacer el trabajo de fuerza. No conseguí nunca proteger mis rodillas y no sé por qué razón. Quizá porque me bloqueaba. El caso es que nunca encontré ese equilibrio. Tenía unas rodillas muy prominentes, una rótula muy grande y un vasto interno que era incapaz de protegerlas".

Pero aun así el atleta no cerró las puertas a la voluntad. Y como tenía tanta clase sucedieron cosas extraordinarias como aquella oportunidad que él se dio "a la desesperada en el 1.500" y que la interpretó "como la última opción" de reengancharse. Y no se equivocó. Y siempre nos quedará aquel Mundial de París de 2003 en el que Roberto Parra llegó hasta la final. Y fue noveno en París e hizo marca personal al aire libre. Y, aunque no sea suficiente consuelo, aquel verano es un desahogo que como mínimo explica hasta donde podría haber llegado Roberto Parra, la de corazones que podía haber conquistado.

Hoy, tiene 43 años.

Se conserva bien, pero ya no es como antes: ya no es aquel atleta, de 1,86 de estatura, que pesaba 65 kilos y que llegó a bajar de 1'45" en 800 porque era muy bueno. Ahora es un exatleta, un ciudadano de 1,86 que pesa 83 kilos, que a menudo se sube a la elíptica, "porque es lo menos lesivo", y que compite en algún 10k a una media de 4'20"/km. Pero eso es la vida que, al menos, explica que hoy Roberto Parra sea un tipo feliz que curó los miedos que le golpeaban cuando se retiró definitivamente en 2006.

Entonces hice una llamada de auxilio a la Diputación de mi región para preguntar: ¿qué voy a hacer? ¿qué puedo hacer? -recuerda.

Tenía miedo.

El miedo es natural, porque él lo hipotecó todo al atletismo. "Acabé COU e hice dos intentos de entrar en la universidad en Magisterio y en Fisioterapia. Pero ninguno de los dos cuajó porque en cuanto entraba en forma dedicaba mi vida por entero al entrenamiento".

De ahí esa llamada de auxilio el día que el atletismo no le dio para más.

Le cogió el teléfono Juan Francisco Romera, que había sido récord de España de maratón, y le exigió que estuviese tranquilo, "porque aquí tenemos un sistema de apoyo al deportista que va más allá de unas becas".

Desde entonces, es otro hombre Roberto Parra. Pero, eso sí, siempre vinculado al deporte que le ha visto hacer de comercial, de organizador de pruebas, de todo hasta llegar hoy a la Dirección General de Educación y Deportes de Castilla La Mancha, donde trabaja de asesor. Y no es fácil encontrar ese hueco para hablar con él, porque anda "a mil bandas". Pero le gusta que sea así, "porque es señal de actividad".

Recuerda entonces que nunca dejará de ser un reflejo del atleta que fue. "Lo único que me diferencia de aquella época es el estado de forma. Pero el resto permanece intacto. No puede ser de otra manera. Seguí todas las estaciones desde la edad escolar hasta la elite. Pero entonces me di cuenta que mis pilas se habían gastado. Mientras atletas que habían competido conmigo en categorías inferiores opositaban a ser campeones del mundo, yo me preguntaba por qué, por qué estaba lesionado. Nunca supe poner solución a esa pregunta".

Sin embargo, hoy nos queda la memoria a la que no renunciaremos nunca. Una manera de explicar a un atleta que "conseguía las mínimas con solvencia" y que supo sacar jugo de las pocas oportunidades internacionales que le dio la vida. Pero quizá esa sea la principal herencia que nos deja Roberto Parra, "la de ir en vilo a tantas competiciones y, sin embargo, sacar provecho de ellas sólo con escuchar el grito de ánimo de algún familiar". Pero, sobre todo, porque tenía la sensación de que no iban a repetirse.

A veces, la intuición es lo más inteligente o lo más desagradable.

Pero es lo que hay, como dice esta vez Roberto Parra.

Y quizá por eso hoy le recordamos y hasta nos ponemos en su piel, porque lo que le pasó a él nos puede pasar a nosotros en cualquier parte de la vida. Y entonces el éxito es comportarse como un ser humano como ese barrio de Canillejas que en la 40 edición de su mítica carrera le homenajearán este año como si Roberto Parra Mateo hubiese sido único en el mundo.

Se acordarán entonces del niño que en esa mítica carrera se dio cuenta, como si fuese la letra de una canción, de que algún día podría ser atleta de élite. Y lo fue. Pero la vida le quitó algunos de los besos que se merecía.

Enlaces relacionados:

Historial Deportivo de Roberto Parra
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