Real Federación Española de Atletismo
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 jueves, 03 de mayo de 2018   ENTREVISTA WEB 16/2018
Entrevistamos a la plusmarquista española de 50km marcha en los días previos a su debut internacional en esta distancia
Júlia Tákacs: Los 50 kms marcha, más que un deporte son una ciencia

Por : Chema Barberarena - Fotos: Miguelez TEAM


Júlia Takács Nyerges (29 de junio de 1989, Budapest) ejemplifica como nadie la ocasión del sueño cumplido. Una historia, entre muchas, de viajes, cambios, devenires, transformaciones, dudas y apuestas. Y una de ellas, muy decidida, pasional e íntima. El amor por la marcha.

En plena adolescencia, en 2004, sin haber cumplido los quince años, Júlia llega a Madrid, de la mano de sus padres, que tomaron la siempre complicada decisión de abandonar su país natal en busca de un futuro esperanzador. "Ha pasado la mitad de mi vida desde entonces, pero recuerdo perfectamente cuando llegué a España con mis padres. No fue un inicio fácil para mí, pero tuve la inmensa suerte de comenzar a entrenar en la Blume junto a un grupo maravilloso que me facilitaba la vida considerablemente". Tras unos inicios tempranos en el atletismo -a los 10 diez años ya formaba parte de un club en la vetusta Budapest-, la marcha pasó a convertirse, casi por casualidad, en el día a día de una adolescente a la que le costó adaptarse. "Tardé bastantes meses en aprender a manejar el idioma, pero lo único que tengo son experiencias positivas de aquella época". Era perfectamente consciente de la importancia capital de un paso como aquel, y en aquel preciso momento de su trayectoria vital. Nunca escondió sus miedos de la primera época. La soledad, el laberinto de un país extraño, una ciudad, una vida distinta.

Ya en 2008, se produce su primer gran resultado internacional, con un sexto puesto en el Campeonato del Mundo Junior en Bydgoszcz. Takács se convierte en la precocidad personificada de la marcha española, manejando datos, incluso por delante de la histórica María Vasco. Quinta en el Campeonato de Europa Sub23 en Kaunas en 2009, y, por vez primera, Campeona de España Absoluta. Un año más tarde, primera participación en el Campeonato del Mundo por Equipos (vigésimo sexta en Chihuahua). Comienza la andadura puramente profesional. "Esos primeros tiempos siempre resultan tan fáciles sin darnos cuenta… Practicaba este deporte porque me encantaba y disfrutaba con ello. Jamás cuestioné el amor que sentía hacia la marcha. Y es curioso cómo, de esta forma, los resultados aparecen incluso sin quererlo, y como estás comenzando, todo lo que haces está bien. Y, aun así, si no está tan bien, entra dentro de lo normal, porque no sientes ningún tipo de presión". Echando la vista atrás, Júlia lo tiene claro. Y no será primera vez que desprenda esa sensación durante esta entrevista. "Creo que lo difícil no es dar el salto. Lo verdaderamente difícil es mantenerse después en esos resultados que nos exigimos a nosotros mismos".

Su décimo puesto en el Campeonato del Mundo por Equipos de Saransk 2012 debía suponer, de primeras, una extraordinaria inyección de optimismo en aquellos primeros inviernos de dedicación exhaustiva. Sin embargo, concluyendo como tercera española en una competición de altísimo nivel, el sueño de los Juegos Olímpicos de Londres se le escapaba entre los dedos. "Venía de un 2011 magnífico, rebosante de energía, y aquel 2012 no estaba saliendo como debía salir. Sufrí una lesión que me impidió participar en el Campeonato de España de ruta, y aunque por suerte tenía asegurada la plaza para el Campeonato del Mundo por Equipos, no llegué en el mejor estado de forma posible debido a una fuerte anemia. Después, en A Coruña, me superó la gran María Vasco, cosa que acepté como 'lo normal'. Ahora, con la perspectiva del tiempo, pienso que quizá no estaba preparada mentalmente para acudir a unos Juegos Olímpicos. Quizá no era lo suficientemente madura para luchar por ello. Fue una decepción, pero también un inmenso aprendizaje".

Llega 2013, y se produce el debut de Takács en un Campeonato del Mundo (su primera, y hasta ahora, única participación). En Moscú, fue novena (1h29:25). "La novena posición del Mundial me supo a poco. No sentía estar en la élite del todo. Quería más". Cinco meses antes de aquel magnífico resultado, había conseguido la que sigue siendo su mejor marca personal en los 20k (1h28:44). Y en junio, fue segunda en la siempre exorbitante competitividad de Cantones. "Ese año decidí irme a vivir a otra ciudad por motivos personales, y entrenaba mucho sola, situación que, en un principio, me daba bastante miedo, porque siempre había tenido grupo hasta entonces. Pero al final resultó ser una decisión muy acertada. Llegué a conocerme mucho más y tenía más equilibrio personal que nunca". Esos dos años, 2013 y 2014, conservan su pulcritud en la memoria de Júlia, con buenos resultados, pero el efecto en su sentir ha sido que la explosión total no terminaba de producirse. Llega entonces 2015, y la marchadora toma la determinación, apuesta por un paso nuevo y desconocido. Mudanzas, cambios de entrenador… La complejidad del deporte de élite encarnada en su esbelta figura. Comienza a trabajar con Montse Pastor en Barcelona de cara a los Juegos Olímpicos de Río, tras años en Madrid con José Antonio Quintana (quien siguió supervisando tu trabajo). El tiempo del cambio. La determinación de que, de no acudir con presteza a un giro casi telegrafiado de los acontecimientos, la premisa continuará, invariable, guiando el mismo camino. "Sentía que necesitaba un cambio. Llega un momento en el que, sin ser plenamente consciente, te ves atrapada en una zona de confort que no te permite visualizar nuevos estímulos. Quería irme de Madrid para encontrarlos. Necesitaba otro tipo de entrenamientos, otro enfoque, porque consideraba que tenía muchas carencias. Conociéndome, si cambiaba todo, tanto lugar como técnico, me iba a ser más sencillo volver a encontrar la motivación. Poner mi carrera deportiva bajo las órdenes y supervisión de Montse fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida".

Y en esa tesitura, Río 2016. El debut olímpico. El momento que todo deportista alguna vez sueña y para siempre recuerda. "Fueron muchísimos cambios ese año para mi, y sinceramente me costó más de lo que esperaba. Además, estaba obsesionada con la idea de los Juegos. Pasé unos meses bastante malos. Incluso llegamos a descartar la clasificación para Rio". Y, de nuevo, el destino, interviniendo para alterar el devenir de los acontecimientos. "Justo cuando me relajé, todo salió bien y me gané la plaza. Sin embargo en Rio no estuve a la altura. El resultado no fue positivo. Pero conseguimos estar allí, y con eso me quedo". Trigésimo tercera -y tercera española tras Bea Pascual y Raquel González-, con 1h35:45, en su primera experiencia olímpica. La materialización del sueño. Ya podía decir que se encontraba entre las once españolas que han defendido los colores de la Selección bajo el manto de la marcha en unos Juegos Olímpicos.

2017 se establece en el calendario con un discurrir engorroso, enrevesado. La calma relativa se altera. Se transfigura en pesadilla. La peor de un deportista. "Sufrí una trombosis pulmonar por la que tuve que estar hospitalizada. Aquello no estaba en mis planes. Me asusté muchísimo, lo único que deseaba era recuperarme al cien por cien, volver a estar sana. El deporte pasa a un segundo plano en esos momentos". La vuelta, en abril, retoma el camino de la esperanza. "Cuando por fin me sentí bien para volver a entrenar, con tan sólo seis semanas de preparación, hice 1h30:12 en Naumburgo. Aquello me hizo pensar que podía estar en Londres". Sin embargo, no lo quiso así el destino. En septiembre, un viaje a China con Ainhoa Pinedo para competir en el Around Taihu International Race Walking Multi-Day dibuja en el horizonte el enésimo golpe de mano. Se produce el reseteo, el reinicio, el arranque de la pelea, preámbulo repleto de motivación, acicate para el inmediato futuro que se presentaba ante sus ojos. "Desgraciadamente no pude estar en Londres, pero aquella competición en China con Ainhoa me devolvió la ilusión. Volví a disfrutar muchísimo, y tampoco nos salió mal, así que, una vez, más aposté por lo que más me gusta en esta vida". Un año lleno de altibajos, pero que concluía de la mejor forma. Los dados volvían a estar sobre el tablero.

En ese preciso momento, aparecen en la ecuación los 50 kms. "Sinceramente, no creo que fuera algo muy meditado. Cuando se hizo oficial que teníamos 50 kms, tanto en los campeonatos internacionales como nacionales, hablé con Montse y Chuso [García Bragado, cabeza visible del grupo de entrenamiento de Pastor] para valorarlo. Nos pareció un reto interesante y pensamos que sería capaz de prepararlo en condiciones". El estreno no podía soñarse con un éxito más rotundo: en Burjassot, el 25 de febrero de 2018, primera Campeona de España de 50k de la historia y Récord de España (4h13:04). Ella, sin embargo, siente que todo el proceso se ha materializado de una forma tremendamente natural. "La competición en sí me encantó. Fue una experiencia muy positiva". Sobre el punto de inflexión que supone el paso al 50k, Júlia lo asume con notable espontaneidad, la misma que se desprende de su mirada y sus respuestas. La decisión, complicada de por sí por la idiosincrasia tan especial de una distancia tan salvaje, se convierte en común. Sencillez pura. Fluye. "La preparación… eso ya es otra historia. No tiene nada que ver con los entrenamientos del 20k. Es muy diferente todo. Ahora bien, cuento con el mejor de los equipos posibles, con Montse y Chuso, mi médico Xabier Leibar, Yolanda Reyes como preparadora física, y Pablo Del Rio, que me ayuda con la parte psicológica, que en el caso de los 50 kms es algo fundamental. Gracias a ellos, esos miedos se convierten en ambición. Y conseguimos algo muy importante: de lo malo, sacamos siempre el lado positivo".

Echamos la vista atrás, trasladando la historia al 17 de julio de 2011. En el Campeonato de Europa Sub23, en Ostrava, Takács consiguió, en principio, el bronce. Sin embargo, la posterior descalificación por dopaje de la rusa Tatyana Mineyeva convirtió ese bronce en plata. Después, en rocambolesca rúbrica de una situación ya de por sí anómala, la plata pasó a ser oro, también por una descalificación, y también de una rusa, Nina Okhotnikova. La marcha ha sido, a lo largo del tiempo, una disciplina golpeada con especial y vehemente virulencia por la lacra del dopaje. También en nuestro país, con casos flagrantes. Júlia lo recuerda con amargura. No esquiva. "Desgraciadamente, es un tema muy presente, y además me afectó en primera persona. No puedo entender a las personas que recurren a utilizar sustancias prohibidas. No lo puedo entender. Me parece un autoengaño. Y es que, además, salpica a mucha más gente. Es un acto egoísta que rechazo totalmente".

Es harto complicado charlar con un marchador nacional y no plantear el tema, no poner sobre la mesa una realidad, de las más palpables que pueblan el atletismo español: el estado actual de la marcha en España, fuente sempiterna e inagotable de talento y grandes resultados. "En España tenemos mucha tradición. Afortunadamente, continúan saliendo muchos talentos, y siempre contamos con resultados muy buenos. A pesar de ser una de las disciplinas más duras, creo que el panorama actual es muy positivo. Hay un nivel muy alto, y creo que esa es la semilla para que continúen llegando muchas más medallas". No obstante, son un hecho irrefutable aspectos tales como la falta de profesionalización de atletas y entrenadores, la reducción de becas, la aportación (a veces insuficiente, a veces nula) de material y sponsors… "En mi caso particular, me encuentro en mi último año de la carrera [Protocolo y Organización de Eventos]. He desarrollado la carrera de manera online para que me fuera más fácil compaginarla con el deporte. En este sentido, la Universidad Camilo José Cela me ha dado todas las facilidades posibles para poder llevar al día mis estudios". Lo negativo, la complicación, el no ganar lo suficiente, el 'malvivir', la paradoja de encontrarse ante la imposibilidad de trabajar para completar ingresos... es el día a día. Y es una situación que, guste o no guste, hay que afrontar. Júlia lo tiene, de nuevo, muy claro. Echa mano del optimismo. "El atletismo en particular no está en sus mejores momentos. Es obvio que los presupuestos son mucho más reducidos. Estamos pasando por muchos cambios, pero hay que esperar que sean positivos para todos, y que esos cambios nos permitan seguir dedicándonos íntegramente los años que nos quedan en el alto nivel".

En una disciplina tan compleja técnicamente como la marcha, la pregunta que surge siempre es si el deportista encara de una manera diferente el 20k y el 50k. "Técnicamente no hay diferencia. Al final, las reglas son las mismas. De hecho, incluso al ser un ritmo más lento puede resultar más sencillo cumplir con las exigencias de la técnica". La diferencia parte, de base, del entrenamiento. "En este aspecto sí que hay mucha diferencia. En el 50k, el ritmo es mucho más tranquilo que en el 20k, pero el volumen es mucho mayor. La duración de los entrenamientos se prolonga significativamente, y yo como soy novata, todavía estoy adaptándome a todo esto". La combinación perfecta entre la ilusión y el enigma de lo desconocido confluyen en un todo que tiende por adoptar casi el camino contrario, de terrenal a espiritual. "Los 50 kms marcha, más que un deporte son una ciencia", dice. No se olvida, Júlia, sin embargo, del tartán. Su relación con la pista ha sido, siempre, fantástica. Trece veces Campeona de España en pista en todas las categorías y cuatro Récords de España batidos. No considera en absoluto descartada la consecución de futuros objetivos en pista. "No creo que sea incompatible, pero es necesario bajar el volumen y meter entrenamientos más rápidos. Sí que es cierto que, si uno está centrado en la preparación del 50k, es complicado buscar marcas buenas en distancias cortas". No hay que olvidar, además, su idilio con el 20k. Takács es una de las únicas cinco españolas que han sorteado la barrera del 1h29 en la distancia (1h28:44, Campeona de España en Murcia, el 3 de marzo de 2013). ¿El 50k anula el 20k? ¿Volcarse en una y descartar la otra? ¿Continuar la búsqueda de la excelencia en ambas? De nuevo, Júlia dispara con precisión milimétrica. "No descarto los 20 kms. Creo firmemente que todavía puedo mejorar mi marca. Este año me centro más en el 50k. En total haré tres, con el Campeonato del Mundo por Equipos de Taicang y el Europeo, pero sí que es cierto que me hace mucha ilusión preparar un buen 20k y conseguir un registro mejor del que tengo actualmente".

Tras Burjassot, fue considerada como mejor atleta del mes de febrero por la RFEA. Y el objetivo inminente, Taicang, en la que será la quinta participación consecutiva de Takács en un Campeonato del Mundo por Equipos. La circunstancia, quizá, a tener más en cuenta, añadida al halo especial, casi misterioso, de la larga distancia, es que será el de Taicang supondrá su segundo 50k en menos de tres meses. "Como la primera experiencia en el 50k fue positiva, voy con la seguridad de conocer qué es lo que significa acabar esa distancia. En Burjassot partía con cierta incertidumbre que en Taicang ya no voy a tener, pero lo que sí que tendré son rivales muy fuertes. De todas formas, considero que debo centrarme en mi misma, y hacer mi propia carrera, porque en el 50k es muy importante mantener la cabeza fría y no pasarse con los ritmos".

Y en el horizonte, las cosas claras. Sin rodeos, sin miramientos, sin concesiones. "El siguiente objetivo será el Europeo de Berlín, donde lucharemos por el podio. El año que viene, Copa de Europa, Campeonato del Mundo en Doha, y de aquí a dos años los Juegos Olímpicos en Tokio. Todavía falta por confirmarse que los 50 kms femeninos sean una prueba olímpica, pero si eso sucede se convertirá en el máximo objetivo". Y que así sea. Suerte, suerte y más suerte, Júlia.

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